Heroínas olímpicas

CHARLOTTE COOPER: LA PRIMERA CAMPEONA OLÍMPICA

La campeona olímpica –de tenis- protagonista de este artículo posiblemente sea una de las campeonas que haya tenido que hacer menos méritos para serlo ya que el torneo en el que participó sólo contó con seis jugadoras. Sin embargo, su nombre se ha hecho un hueco de honor en la historia olímpica al haberse convertido en la primera mujer campeona olímpica. Es probable que en su momento ni se enterara de que lo era, pues los Juegos de París 1900 se caracterizaron por ser un caos, entremezclados con la Exposición Universal que estaba teniendo lugar paralelamente en la capital francesa. No obstante, con posterioridad sí que le fue entregada a la tenista británica Charlotte Cooper la medalla de oro que le correspondía.

Decíamos que Charlotte Cooper era probablemente una de las campeonas con menos mérito. Quizá lo fuera en el torneo de París 1900 en concreto, pero su carrera deportiva está, por el contrario, cargada de ellos. Para empezar, se quedó sorda por una infección a la temprana edad de 26 años. En un deporte como el tenis, en el que es fundamental “escuchar” la bola y su bote para así responder de una u otra forma, perder el sentido del oído sí que puede incidir en la prestación del tenista. El segundo mérito de Cooper está en que estuvo en activo hasta entrados los 50 años, siendo además madre ya de dos hijos. Incluso ganó el prestigiosísimo torneo de Wimbledon (su quinto particular) con 37 años.

Hija de un molinero, Charlotte, nacida en Ealing, Inglaterra en el lejano 1870, llegó a disputar la envidiable cifra de 21 torneos de Wimbledon. En el primero en el que lo hizo ya alcanzó las semifinales. Charlotte es aún la ganadora de Wimbledon de más edad, aunque ya Martina Navratilova le hiciera perder su récord de ocho finales consecutivas al conseguir la checa nueve.

Su periplo olímpico no le llevó a ganar únicamente el título femenino, sino que en esa misma edición de los Juegos se alzó con el oro en los dobles mixtos, acompañada de Reginald Doherty. Charlotte Cooper poseía un estilo de juego muy ofensivo, lanzándose a la red siempre que podía. Se da la circunstancia de ser una de las pocas mujeres de su tiempo que sacaban por encima de la cabeza. Encontramos otras curiosidades en torno a esta pionera. La primera es que, al parecer, sólo contaba con dos raquetas, ambas para circunstancias bien diferentes: una para el buen tiempo y otra para el malo, cuando el campo estaba más pesado por la lluvia. La segunda anécdota nos dice que siempre acudía a los torneos que disputaba en bicicleta. Lo cierto es que Charlotte era una deportista nata puesto que en invierno, cuando no había campeonatos de tenis, su especialidad, practicaba otros deportes como el hockey hierba o el atletismo.

Si bien su familia de origen nada tuvo que ver con el deporte, la de “adopción” sí que tenía relación. Su marido fue un tenista aficionado que llegó a ser presidente de la Federación Británica de tenis. Sus hijos –Rex y Gwen- también siguieron su tradición, Rex convirtiéndose en vicepresidente del All England Club y Gwen disputando torneos.

Cuando Charlotte murió, con casi 91 años, sus herederos no pudieron encontrar ni sus medallas olímpicas ni sus trofeos de Wimbledon. Al respecto su hijo Rex comentó que hubiera sido propio de su madre que se los hubiera regalado al jardinero…

 

2 Comentarios

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