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BILL SCHUFFENHAUER: DE LAS MALAS CALLES A SER MEDALLISTA OLÍMPICO EN SU PROPIA CIUDAD

¿Quién le iba a decir a Bill Schuffenhauer que acabaría siendo medallista olímpico en su propia ciudad? Nacido en Salt Lake City, la vida no le trató nada bien. Sus padres cayeron en la droga, su madre incluso en la prostitución. El niño Bill realizaba delitos menores para comer, pues en su día a día tenía hasta que rebuscar entre la basura para llevarse algo al estómago. ¡Qué lejanos esos días de los que le esperaban, de gloria olímpica! Durante su niñez el futuro medallista olímpico se rodeó de malas compañías, fumaba hierba y pasó por 17 casas de acogida. Pero eso tenía que acabar y el principio del fin -o el comienzo de su nueva vida- llegó el día en que se fue a vivir con su abuela. Ella le proporcionó la disciplina que necesitaba. Poco a poco, su ritmo de vida fue cambiando. Pasó de no tener control alguno a ir creándose responsabilidades diarias, obligado por su abuela, en forma de tener que limpiar, ocuparse del jardín, etcétera. Se estaba labrando un nuevo Bill.

En esa época empezaron a despuntar sus dotes atléticas. Le fichó un club de atletismo y accedió a una beca. El adolescente y posterior joven Schuffenhauer iba destacando en varias disciplinas, especialmente los saltos y los lanzamientos, hasta llegar a encontrarse entre los tres mejores atletas de su especialidad en su país. Pronto tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Sidney y el sueño olímpico ya se había apoderado de Bill. Le quedaba por pasar el trámite de los trials, o pruebas de clasificación estadounidenses, para acceder a la plaza olímpica. Pero la vida le dio un revés al llover los días de los trials. La lluvia le provocó un resbalón en el salto de longitud de la prueba del decatlón y se torció un tobillo. Fin del sueño olímpico.

Schuffenhauer lo pasó realmente mal en esos momentos. Parecía que su vida, que se había llenado de esperanzador color, volvía al blanco y negro. En el atletismo había puesto mucho empeño y era su escapada de la dura vida diaria. Pero sus cualidades atléticas seguían intactas y se pusieron de nuevo en práctica cuando un amigo le comentó que el equipo estadounidense de bobsleigh estaba entrenando en Park City. Bill fue allí y su envergadura física le hizo entrar en dicho equipo. Es bien sabido que muchos exatletas se han dedicado posteriormente a este deporte debido a que se requieren en su fase de salida características de un buen corredor. Bill Schuffenhauer iba a convertirse, de esta manera, en empujador del equipo estadounidense de bobs a cuatro, solo dos años antes de la cita olímpica, que además iba a disputarse en su propio país. Bill Schuffenhauer no estaba entre el cuarteto elegido para llegar a los Juegos, pero accedió a un puesto debido al positivo por dopaje de uno de los componentes inicialmente previstos.

Y así, casi de forma casual, Bill iba a cumplir su sueño olímpico en su propia ciudad natal. La competición no pudo ser más emocionante. El equipo local tenía mucha presión en la competición de bobsleigh, ya que habían pasado décadas desde el último éxito olímpico del equipo y, compitiendo en casa, se esperaba que se pusiera fin a esa mala racha. El Team USA iba en tercer lugar tras las tres primeras mangas, pero empezó a nevar, lo que ralentizaría a los equipos que salieran en las últimas posiciones, como era su caso. De nuevo las inclemencias meteorológicas se ponían en contra de Schuffenhauer, pero esta vez las consecuencias no fueron ni mucho menos tan graves. Su equipo lograría la medalla de plata, la primera de su país en esa disciplina olímpica en 46 años.

El hermano de Bill siguió la carrera desde la cárcel. Para él fue como si parte de él estuviera en libertad, pensó al verle en el podio. Perfecto final para un Bill Schuffenhauer por el que no daban un duro años antes, ni en el deporte ni en la vida. Aunque no fue ese su final en unos Juegos Olímpicos, pues volvió a participar en los siguientes, celebrados en Turín y, con mucho más esfuerzo, en los de Vancouver de 2010. En esa época Schuffenhauer estaba muy tocado físicamente, con dos hernias de disco, pero por aquel entonces ya tenía dos hijos que alimentar y su deporte no proporciona precisamente grandes cantidades de dinero. Las becas por participaciones olímpicas no eran algo que quisiese despreciar y, sobre todo, el patrocinio de sponsors. La familia pasaba por algunas penurias económicas; incluso tuvieron que abandonar la casa donde vivían al no poder permitírsela. Bill entrenó durante duro para preparar los Juegos. Con ayuda de un quiropráctico y un fisio pudo clasificarse junto a sus tres compañeros para los Juegos de la ciudad canadiense. No puede haber un ejemplo mayor de superación, conseguida en gran parte gracias al deporte y al sueño cumplido de los Juegos Olímpicos. Como le dijo su familia observándole subido al podio olímpico de Salt Lake City 2002: “Billy: los sueños se cumplen”.

Foto de Olympic Channel

 

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