Concienciados olímpicos

MARISSA WILLIAMSON-POHLMAN: LA OLÍMPICA ABORIGEN QUE LUCHA CONTRA EL RACISMO Y LOS ABUSOS EN EL BOXEO

De las calles a los Juegos Olímpicos. Esta es la historia de una luchadora desde su niñez y que continúa ahora luchando contra los abusos en su deporte, el boxeo.

Con la bandera aborigen

Hablamos de la australiana Marissa Williamson-Pohlman. Hasta llegar a su presente es imprescindible poner sobre la mesa su pasado. Nacida de una madre que tenía otros cinco hijos y que, según Marissa “no estaba bien mentalmente; se automedicaba y era extremadamente violenta” fue llevada desde los trece años de edad de familia en familia de acogida. Llegó a ser cambiada de hogar en 16 ocasiones en un periodo de cinco años. Así, hasta que llegó la pandemia. Fue entonces cuando se convirtió directamente en una persona sin hogar. En aquellos días ya entrenaba en el boxeo tras probar el fútbol australiano. Desde los 17 años practicaba el boxeo en un gimnasio de los suburbios de Melbourne dedicado a jóvenes en riesgo de exclusión. Como no podía pagarse un alquiler ni tan siquiera comida -en la época de la pandemia perdió muchos kilos- simplemente dormía en el gimnasio que, además, estaba en pésimas condiciones. Sobrevivía gracias al dinero que le dejaba la gente en sus zapatos. Un día recibió la llamada de su madre biológica y Marissa dedicó los 14 dólares en monedas que le quedaban para echar gasolina en su coche y conducir hasta su casa. “El resto es historia”, cuenta Marissa.

Y tan historia, porque Marissa la hizo en los Juegos Olímpicos de París al convertirse en la primera persona aborigen australiana en ser olímpica en el deporte del boxeo. Es una orgullosa Ngarrindjeri y poco importa que en su debut olímpico cayera a las primeras de cambio. Desde los Juegos de París (probablemente desde antes, dado su carácter luchador) no ha parado de involucrarse en reivindicaciones, como la petición de prohibición a las deportistas que fallen en las pruebas de género, que en su deporte sin ir más lejos causó una gran controversia en los Juegos de París con el caso de Imane Khelif, por ejemplo. Pero quizás su principal lucha esté en los casos de racismo que ella misma ha padecido.

Bulling y racismo, esos males ha sufrido Williamson-Pohlman. Afirma que se dan más en el boxeo, deporte muy masculinizado y “dominado por los hombres”. Podría parecernos que ha habido muchos avances en el boxeo femenino, cada vez más integrado, pero Marissa lo vive desde dentro y el panorama no está como debería estar. “Es devastador, me rompe el corazón [ver lo que veo en el boxeo]”, ha dicho. El sistema falla. Hay males sistemáticos. La propia púgil ha recibido amenazas de muerte, ataques racistas, abusos sexuales. Coincidiendo con sus críticas públicas empezó a recibir mensajes de otras boxeadoras que incluso le han contado casos de violaciones. Es por ello, para empoderar a esas personas, por lo que creó una plataforma. De hecho, le dedica tanto tiempo y esfuerzo que el boxeo ha dejado de ser su prioridad principal, algo que lamenta.

Marissa Willamson-Pohlman es una persona formada, también en leyes, por lo que no ha cesado de enviar escritos a tribunales deportivos para que hagan cesar esos casos de abusos y de racismo. Desde los Juegos Olímpicos se ha pasado del boxeo amateur al profesional y tiene como otro de sus objetivos devolver a las comunidades en las que creció a través de su trabajo directo con ellas y llegar a inspirar a nuevas generaciones a través del deporte.

Una de sus luchas directas va dirigida a la Federación Australiana de Boxeo. Ha peleado y llamado a todas las puertas para que se acabe con los abusos y el racismo, así como la falta de apoyo hacia los deportistas aborigen. Su llamada llegó hasta el Senado de su país. Sus declaraciones denunciando abusos en el sistema federal de deportes llamaron la atención de las autoridades y, así, el Senado inició una investigación sobre el racismo y odio hacia lo que se denomina en Australia “First Nations”. Marissa intervino en la consulta y pidió que se realizada una investigación independiente en la Federación de Boxeo. “Hay misoginia, machismo, racismo y homofobia en los gimnasios de boxeo”, afirma la púgil.

A Marissa Williamson-Pohlman le ha tocado luchar dentro y fuera del ring de boxeo. Una de sus luchas afecta a muchas más personas y puede acabar con los estigmas que lamentablemente aún tiene el deporte que ha elegido.

Foto del Comité Olímpico Australiano

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