Entrevistas

LUCÍA YÉPEZ, 1ª MEDALLA OLÍMPICA DE ECUADOR EN LUCHA: «DETRÁS MÍO VIENEN MUCHAS CHICAS CON MOTIVACIÓN Y GANAS DE SEGUIR»

Lucía Yépez es otra de esas deportistas que hacen historia olímpica y lo hacen desde la humildad y una vida de sacrificios que reporta no solo resultados, sino felicidad por todos los logros conseguidos. Y por logros no nos referimos únicamente a medallas olímpicas -que la hay- sino a la satisfacción de, sin ir más lejos, haber podido comprar una casa a su madre con lo que ha ganado gracias al deporte.

Lucía es ecuatoriana y practica el deporte de la lucha. Su plata en la categoría de hasta 53 kilos ganada en los Juegos Olímpicos de París supuso la primera medalla en ese deporte para su país: “Mi medalla fue la primera para Ecuador en el deporte de la lucha y fue muy bonito porque sé que detrás mío vienen muchas chicas con motivación y ganas de salir adelante y sé que en Los Ángeles Ecuador puede tener no a una Lucía Yépez sino a dos, tres medallistas. Ecuador en París 2024 brilló mucho en todos los deportes en general. Ganamos seis medallas y sé que en Los Ángeles vamos a dar lo mejor de nosotros”.

En París 2024. Foto de AFP

Lucía, en la charla mantenida con ella, no para de hablar de la cita olímpica de Los Ángeles 28, pero antes nos cuenta lo que supusieron los Juegos de París para ella: “Los Juegos de París supusieron mucho esfuerzo para mí después de prepararme durante cuatro años. No sentía presión pese a llegar como número 1 del ránking. Siempre le digo a mi entrenador que yo me divierto mucho; amo este deporte, me he preparado para luchar y siempre digo que cada combate es una fiesta y voy a disfrutarlo; si pierdo he aprendido y sigo corrigiendo mis errores”. Su medalla supone asimismo inspiración para otros jóvenes de su país aunque, desde su humildad, afirma: “Ecuador me tiene no solo a mí, sino a otros talentos”. Su “padre” (cuando menciona a su “papá” hacer referencia a su entrenador, Jorge González) y su madre siempre están en la mente de Lucía: “El resultado de París me ha dado mucha confianza y mucha motivación para seguir. Gracias a Dios que tengo a un gran entrenador, a mi padre, que es algo que me motiva mucho a seguir día a día, la confianza en él porque sé que él me llevará a lo más alto y la disciplina, que es muy importante. Puedo tener talento pero si no hay disciplina no hay nada. También es muy importante la motivación que me da mi madre y sé que en Los Ángeles voy a estar brillando, me estoy preparando muy duro, siempre con humildad, respetando a mi contrario; todos somos iguales, todos nos preparamos para ganar”. Y, de nuevo, tuvo como un gran apoyo a su entrenador tras lo que le ocurrió en su primera experiencia olímpica en Tokio 2020: “En Tokio me quedé a las puertas de una medalla olímpica [una lesión impidió que participara en la repesca, pero obtuvo diploma olímpico]. Acabé lesionada, en silla de ruedas. Gracias a Dios tengo a mi papá que es lo mejor que me ha pasado en la vida, es mi entrenador y él me animó a seguir. “No te desmotives”, me dijo. Estaba lesionada pero trabajaba los brazos, el tronco, siempre motivada por una persona que te inspira, mi papá”.

Fue precisamente su entrenador el que le puso el apodo por el que es conocida: “La Tigra”. Al respecto nos cuenta: “Me lo puso en la clasificación para Tokio. Me dijo que era una chica muy guerrera, muy decidida. Cuando compito me miro al espejo y me digo: “Hoy es un gran día. Hoy voy a salir campeona”. Me motivo yo misma diciendo que soy la mejor”.

Para hacernos una idea de lo que ha tenido que luchar -en sentido literario, no solo literal- Yépez hay que contar sus inicios en el deporte: “Empecé en este deporte a los diez años porque vengo de un barrio bajo. La motivación fue mi madre, que trabajaba mucho. Quería comprarle una casa y darle una mejor vida y así me motivé mucho porque sabía que estaba haciendo algo sano, que no me estaba yendo por un mal camino. Poco a poco me fue gustando hasta que logré todos mis sueños. Le conseguí la casa a mi madre, tengo mi negocio. Esto me ha dado muchas oportunidades y me ha abierto muchas puertas y me siento muy feliz”. Y es que con una entrenadora anterior llegó a no poder ni entrenar con el calzado adecuado: “Mis primeras zapatillas me las regaló mi entrenador. Antes no tenía para competir y llegué a pedirle a mi entrenadora anterior poder competir descalza. Me ganaba la vida, vendía lápices en las escuelas, vendía mango, me gustaba ganarme la vida, pero humildemente. Llegué a hacer autostop para poder llegar a competiciones. Fue muy duro no solo por eso, sino porque tuve muchas lesiones, operaciones, también personas que no creían en mí, pero eso a mí realmente me motiva más”.

Con su entrenador, Jorge González. Foto de ECUADOROlimpico

Como ella misma dice, su historia es muy larga. Lucía pasa de puntillas por algunos de los peores momentos: “Mi papá biológico se fue de la casa. Mi entrenador es mi “papá” en el sentido de que si yo estoy enferma él está ahí, nunca me ha dejado sola. Somos un equipo. Le he hecho la promesa de ganar medalla olímpica en Los Ángeles dedicada a su mujer, que acaba de fallecer. Creo que va a ser el final de mi carrera”.

Hasta que lleguen esos ansiados Juegos de Los Ángeles Lucía repite de una y mil formas ser feliz. A su felicidad también ha contribuido su participación en la liga RAF (=Real American Freestyle), que compagina con las competiciones de lucha olímpica: “La RAF es una liga que me ha dado una oportunidad muy grande, es mi futuro, me gusta mucho”.

En Los Ángeles 28 no tendrá nada que demostrar a nadie, pues ya lo ha hecho de sobra, sólo quizá a ella misma para cumplir su último sueño. Ya ha conseguido la medalla en lucha para Ecuador, la casa para su madre, crear un negocio, ser inspiración para otros jóvenes.

Foto de Eugene Hoshiko/Associated Press

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