Heroínas olímpicas

IRENA SZEWIŃSKA: LA «REINA DEL SPRINT» Y LEYENDA DEL ATLETISMO POLACO Y OLÍMPICO

Parece mentira que grandísimos nombres del deporte y leyendas olímpicas queden un poco en el olvido. Es el caso de Irena Kirzenstein Szewińska, la más grande atleta polaca y destacadísima a nivel mundial. Fuera de su país podríamos afirmar que su nombre solo es conocido por los expertos del atletismo y, sin embargo, fue mucho lo que logró esta mujer en el deporte, en varias de las especialidades del atletismo.

En los Juegos de México 68

Irena nació en la que entonces se denominaba ciudad de Leningrado en 1946. Sus padres eran judíos polacos que habían huido de Polonia durante la II Guerra Mundial por razones obvias, pero pronto toda la familia regresó a ese país, cuando Irena contaba apenas un año. La pequeña Irena fue descubierta como promesa del deporte siendo niña en la escuela. Sus piernas largas sin duda la ayudaron a dar grandes zancadas en las carreras de corta distancia y, tras su descubrimiento, tardó apenas cuatro años (desde los catorce en que fue descubierta) en llegar a ser olímpica.

Esos primeros Juegos fueron los de Tokio 64. En ellos empezaría su leyenda, pues se hizo con el oro en los relevos 4×100 y sendas platas en los 200 metros y en el salto de longitud, ya que no solo se dedicaba a las carreras. Esa cita olímpica no fue más que el (brillante) inicio de una carrera estratosférica, pues apenas un año más tarde batiría el primero de sus nueve récords mundiales (el de los 200m) e igualaría el de los 100m. Paralelamente no descuidó sus estudios en la universidad de Varsovia en Economía.

Siguiendo cronológicamente con su carrera no nos detendremos en sus numerosas medallas en Europeos (por aquel entonces aún no existía el campeonato Mundial) ni marcas realizadas para pasar directamente a su segunda experiencia olímpica en 1968. En México siguió subiéndose al podio olímpico, esta vez en el cajón más alto en la prueba de 200m y logrando el bronce en la distancia más corta (en una final que ganó Wyomia Tyus) en una carrera donde la polaca realizó su mejor marca personal. Decepción, por otra parte, en las finales de salto de longitud y en el relevo corto, pues no logró clasificarse para ellas, en la última debido a la caída del testigo del equipo polaco en las semifinales. El año anterior a esa cita olímpica se había casado con su entrenador, también atleta -en su caso vallista- adoptando desde entonces el apellido Szewińska en lugar del Kirszenstein de nacimiento.

Con las medallas de Tokio 64. Foto de Janusz Szewiński

Antes de que participara en sus terceros Juegos Olímpicos, los de Múnich 72, Irena fue madre de un niño que, por cierto, con el tiempo se convertiría en deportista de alto nivel en el deporte del voleibol. Ser madre no le impidió seguir ganando medallas olímpicas. En la ciudad bávara ganaría el bronce en los 200m y en los años sucesivos continuó batiendo récords mundiales. Sin ir más lejos en 1974 se convirtió en la primera mujer en bajar de la barrera de los 50 segundos en la distancia de 400 metros, además de batir récords mundiales en otras distancias. Ese exitoso año de 1974 Irena se había colocado como la número 1 del mundo en tres distancias: 100, 200 y 400 metros. Llegó así a los Juegos Olímpicos de Montreal 76, donde ganaría una nueva medalla de oro en la prueba en la que, con el tiempo, se había centrado más: los 400 metros. Y no fueron los de Montreal su última aparición olímpica, pues estuvo en los Juegos de Moscú, pasados los 30 años, aunque en esa ocasión no pudo colgarse al cuello ninguna medalla, en parte a causa de una lesión en una pierna.

Tras Moscú 80 Irena se retiró pero no se alejó del atletismo ya que se convirtió en entrenadora, presidenta de la Federación Polaca de Atletismo y miembro del COI. En el máximo organismo olímpico trabajó en el Comité de Coordinación de los Juegos de Atenas, Londres y Tokio, a los que no pudo finalmente acudir debido a que falleció de cáncer meses antes. Su funeral demuestra la importancia de su persona, ya que la catedral donde se celebró se vio desbordada por el gran número de asistentes, por no hablar de su entierro, al que acudieron más de 2.500 personas. Y es que Irena Kirszenstein Szewińska ganó siete medallas olímpicas (tres de ellas de oro) en cinco disciplinas diferentes; participó en cinco Juegos Olímpicos; fue la única atleta en establecer récords mundiales en las distancias de los 100, 200 y 400 metros; batió nueve récords mundiales; fue considerada la “reina del sprint”; ganó 34 finales consecutivas de 400m y es la polaca con más medallas olímpicas, hombre o mujer. Todos ellos logros de sobra suficientes para que reivindiquemos su nombre y la situemos entre las leyendas del atletismo olímpico.

Ganando en la final de 400m en Montreal 76

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