Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 134: LAS OLAS DE LA PISCINA DE ROMA 60 «AHOGAN» A LA FAVORITA DE LOS 100M MARIPOSA

30 de agosto de 1960. Se están celebrando los Juegos Olímpicos en Roma. Nos encontramos ante la gran final de 100 metros femeninos del estilo mariposa. Hablamos de natación, claro está. Antes de esta final hay una clara favorita: la estadounidense Carolyn Wood, aunque para entonces le faltaban unos meses para cumplir 15 años, pero acabar primera en los exigentes Trials de su país la habían colocado de inmediato como gran candidata cuanto menos para el podio olímpico. También es cierto que se había despojado de una gran contendiente en los Juegos de Roma, ya que la también estadounidense Nancy Ramey, posiblemente la mayor favorita para esta prueba, no pudo ni participar debido a que no pudo entrar en el equipo nacional. Cuando la jovencísima Wood llegó a la llamada Ciudad Eterna todo le pareció muy distinto de Portland natal. Lógico, pues no había salido aún de su país.

Foto del COI

Volvemos a la final donde, por cierto, hubo dos salidas falsas. Su tocaya y compatriota Carolyn Schuler toca primera a la mitad de la carrera, esto es, a los 50 metros. Interrumpimos la crónica de la final para dar un dato no baladí: las nadadoras no usaban gafas para el agua, lo que les provocaba tener los ojos inyectados a causa del cloro y que, cuando salían a la calle -especialmente de noche- las luces les hacían ver todo como envuelto en un halo. Por increíble que parezca los primeros Juegos Olímpicos donde se usaron las gafas en natación fueron los de Montreal 76. Es el momento de hacer otra salvedad y contar un dato insólito de la piscina olímpica romana: el nivel del agua era demasiado bajo, algo de lo que se quejaron todos los entrenadores. Los más perjudicados por este hecho resultaban ser los nadadores que iban líderes ya que al salir de la vuelta recibían una ola. Se trataba definitivamente de una piscina lenta (pese a ello, se batieron récords mundiales en ella), una “piscina de olas”.

Carolyn Wood con su medalla en los relevos

Cuando llevaba unos 70 metros nadados Carolyn Wood iba en un puesto que la colocaba en el podio cuanto menos pero, repentinamente, se para. Para evitar el oleaje producido por las líderes que comentamos antes Wood había pensando una estrategia: tras el viraje dar dos o tres brazadas sin respirar para no tragarse las olas que sin duda le llegarían y sólo hacerlo una vez pasado el “golpe” de las olas producidos al dar la vuelta, pero no contaba con “chocarse” con el oleaje de las nadadoras que iban más lentas e iban en dirección contraria, aún sin acabar su primer largo. Carolyn Wood se tragó esas olas, le entró mucha agua en la boca. Tuvo que pararse, no tenía aire. En su momento de pánico se acercó a las corcheras de su lado derecho agarrándose a ellas sin darse cuenta hasta instantes posteriores que eso suponía una falta que conllevaba la descalificación. Carolyn se quedó un rato llorando, agarrada a las corcheras. Vio pasar delante suyo a todas las nadadoras y, cuando la carrera ya había acabado, un hombre se tiró al agua para rescatarla, pero Carolyn quiso acabar la carrera y tocar el muro final.

Carolyn Schuler ganó el oro, con récord olímpico incluido, pero eso es casi lo de menos en la insólita historia de una final que no se desarrolló como posiblemente hubiera debido de no haber entrado factores externos. Al menos Wood encontró consolación pocos días más tarde al ganar el oro en la prueba de relevos 4×100 estilo libre. Si hubiese competido hoy en día también contaría con otra medalla de oro, la de los relevos 4×100 estilos, pero al participar en las series pero no en la final no recibió la medalla, según las normas de entonces.

Foto del COI

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