AMY VAN DYKEN: LA PERSONIFICACIÓN DEL EMPEÑO
Amy era una niña de 18 meses cuando le diagnosticaron asma, los tres tipos de asma que existen. Además, sufría alergias. El conjunto de todo ello impidió que tuviera una infancia totalmente normal; por ejemplo, no pudo acudir a las excursiones escolares con el testo de sus compañeros. A los seis años los médicos aconsejaron que empezara a practicar natación por los beneficios que este deporte implica en cuanto a control de la respiración se refiere. A pesar de ello, tuvieron que pasar seis años hasta que pudo nadar todo el largo de una piscina. En los entrenamientos que realizaba forzaba a sus pulmones a realizar trabajo extra. En ocasiones le daban ataques de asma cuando estaba en el agua, teniendo que salir pitando a urgencias. Y en más de una ocasión su cuerpo se volvió azul, pero sus padres estaban empeñados en que Amy tenía que llevar una vida normal, incluso practicando varios deportes, como el fútbol o la gimnasia.

Cuando ya se decidió por la natación tenía que entrenar con un inhalador en cada extremo de la piscina. Si un aparato medidor que le acompañaba se ponía verde seguía entrenando, si en cambio se volvía amarillo realizaba un calentamiento ligero, pero si se ponía rojo tenía que dejar de entrenar. Pero Amy era una niña cabezota y nunca aceptó un no por respuesta. El asma y las alergias no iban a impedir que se convirtiera en una deportista de élite. En efecto, Amy, de apellido Van Dyken, entró en la historia olímpica al ganar seis oros olímpicos. Los cuatro que ganó en los Juegos de Atlanta 96 la convirtieron en la deportista de más éxito de esa edición olímpica, además de la primera mujer estadounidense en completar ese logro. Junto a ello tiene otro récord: todas sus medallas olímpicas son de oro. La niña asmática dio una lección al mundo gracias a su empeño y al de sus padres.
Amy Van Dyken ya estuvo a punto de ser olímpica en Barcelona 92, pero su cuarto puesto en los trials de su país en la prueba de 50 metros de estilo libre le impidieron ser olímpica entonces. Tuvo que esperar cuatro años para serlo en su propio país, pese a que en Atlanta compitió con una capacidad pulmonar del 65%. En la ciudad americana se colgó el oro en los 50 m estilo libre, 100 m mariposa, 4×100 relevos estilo libre y relevos 4×100 estilos. Esos títulos, unidos a campeonatos mundiales, la llenaron de premios y reconocimientos, como ser declarada la Atleta del Año. Para los siguientes Juegos su situación había empeorado a causa de de lesiones que incluyeron operaciones en el hombro que la impidieron entrenar tan siquiera durante todo un largo año. Pese a ello, consiguió entrar en el potente Team USA para los Juegos de Sídney ganando allí otras dos medallas de oro: el relevo 4×100 de estilos y el relevo 4×100 de estilo libre. Por entonces Van Dyke era una deportista muy popular, que había aparecido en los shows televisivos más exitosos de su país pero, sin embargo, un acto que no le honra durante los Juegos de Sídney hizo que perdiera popularidad: escupir en la calle de su rival Inge de Bruijin, seguido de comentarios desacertados por parte de Van Dyken al respecto.

Después de esos Juegos del año 2000 Amy Van Dyken se dedicó a múltiples facetas tras retirarse de la natación, incluyendo una directamente deportiva: el triatlón. También fue disc jockey en una radio, reportera de equipos de fútbol americano, incluso actuó en los “Monólogos de la vagina”. Durante esos años tras su retirada hubo luces y sombras en su vida: las luces, su dedicación a diversas fundaciones benéficas que, entre otras cosas, la han llevado a ser merecedora del Premio Jesse Owens el cual premia a «las personas o entidades que realizan un bien a la sociedad»; las sombras, su relación como cliente habitual de un laboratorio de esteroides, aunque ella nunca llegó a dar positivo en controles antidopaje.
Y llegamos al año 2014, cuando Amy sufrió un grave accidente conduciendo un vehículo todoterreno. Llevada urgentemente a un hospital, donde se sometió a la primera de sus operaciones, los médicos le dijeron que se despidiera de su marido, pues corría peligro de muerte al quedarse la lesión a milímetros de romper la arteria aorta. Amy sobrevivió pero quedó paralizada de cintura para abajo por graves daños en su columna vertebral, médula espinal y una de sus vértebras. A pesar de ello la hexacampeona olímpica siempre ha mostrado una actitud positiva ante la vida, llegando a afirmar “ser mejor persona que antes del accidente”. Amy está agradecida a la vida precisamente por eso, por seguir viva, pues “morí en varias ocasiones en el accidente y la operación”. El accidente ha cambiado su percepción del mundo y de las personas. “Ya no soy tan rápida juzgando a la gente y me guío por el amor y la amabilidad”. Sigue necesitando de inhaladores, pues su asma no ha desaparecido. Tiene ataques de tanto en tanto, pero “no me rendiré nunca”, afirma. Se ha convertido en una persona dedicada a dar charlas motivacionales y sigue practicando deporte, en esta ocasión el crossfit adaptado, donde incluso llega a competir. “Soy una persona que ve el vaso lleno”. Nos quedamos con esa enseñanza de la vida de esta campeonísima de la natación.
