Concienciados olímpicos

ROSI MITTERMAIER: LA INESPERADA REINA DE INNSBRUCK 76 ABRUMADA POR SUS ÉXITOS

Resulta irónico que a Rosi Mittermaier, esquiadora alemana que fue una de las mayores estrellas de los Juegos Olímpicos de invierno de Innsbruck 76, se la considerara la “abuela” de los Juegos…cuando poco después se retiró del deporte de alto nivel con solo 25 años. En realidad tuvo dos apodos: “Omi” (abuela en alemán) y “Gold Rosi” por lo conseguido en la ya mencionada cita olímpica.

Rosi Mittermaier nació en Baviera hija de un padre que trabajaba en una escuela de esquí. Tuvo una hermana gemela, que murió al nacer. Otra hermana suya, menor que ella -Evi- también compitió en el llamado circuito blanco. Juntas han llegado a grabar dos álbumes cantando canciones folclóricas de la región bávara que les vio nacer. Aún más conocido es el que se convertiría en marido de Rosi: Christian Neureuther, ganador de seis pruebas de la Copa del Mundo de esquí y olímpico en tres ocasiones. Y de ese matrimonio nació otro esquiador no menos conocido: Felix Neureuther, también tres veces olímpico y ganador de medallas en Mundiales y la Copa del Mundo.

Pero lo más curioso de Rosi Mittermaier fue el inesperado éxito en los Juegos de Innsbruck. Acudió a ellos sin estar en la lista de las favoritas para medalla en la prueba del descenso. Es verdad que era toda una veterana que llevaba en sus esquíes diez temporadas realizando esa prueba en la Copa del Mundo, pero nunca había destacado especialmente. Sin embargo, en la final olímpica tuvo una carrera perfecta, ganando el oro por medio segundo. No acabó ahí su racha de triunfos, pues tres días más tarde ganó también en la prueba de Eslalon. Hay que sumar a esos dos oros, con los que nadie contaba, una medalla de plata ganada en el Gigante. Si hubiera acabado primera se habría convertido en la primera mujer en ganar las tres pruebas de esquí alpino, las únicas que se disputaban en aquella época (con posterioridad se han ido añadiendo más).

Los de Innsbruck no fueron los primeros Juegos para Rosi. Antes había participado en los de Grenoble 68, contando tan solo 17 años, aunque sus resultados no fueron halagüeños. También estuvo en los Juegos de Sapporo del 72, de nuevo sin opción a medalla. También es verdad que en los Juegos de Innsbruck, donde era la esquiadora más veterana (con 25 años, a punto de retirarse) llegó en su mejor momento de forma y madurez, pues ese mismo año acabó primera en la clasificación final de Eslalon de la Copa del Mundo (que finalizaría semanas después de los Juegos), así como segunda en Gigante y campeona en la clasificación general. Sin embargo, el primer oro que consiguió en Innsbruck 76 sí que fue toda una sorpresa al no ser una especialista en descenso, sino todo lo contrario.

A la vuelta de sus exitosos Juegos en la localidad austriaca podríamos afirmar que “Alemania se volvió loca con ella”. Prueba de ello son las 27. 000 cartas que le llegaron a su casa hasta el punto de que “el cartero se volvió tonto”, comentó Rosi. En la villa olímpica recibió bañeras llenas de flores, que más tarde entregaría por hospitales. La Prensa, las recepciones, los aficionados, la abrumaron. Su cara aparecía en todo tipo de productos en unos tiempos que aún estaban en el albor del merchandising. Quién sabe si por culpa de todo ese peso Rosi se retiró, justo al final de esa temporada.

Toda la familia de esquiadores. Foto de Sammy Minkoff/ imago images

Rosi Mittermaier fue todo un ídolo deportivo, más aún en su país, incluso en un tiempo sin redes sociales ni internet. Pero fue y es mucho más que eso. Por citar algunas de sus actividades está el donar objetos para museos, crear una fundación con fines benéficos para ayudar a niños con reumatismo y protagonizar, junto a su marido, un episodio delicioso que nos negamos a dejar de contar. Cuando ambos aún competían en el circo blanco participaron en una prueba disputada en Zakopane, Polonia. Eran los tiempos del Telón de Acero. Uno de los espectadores que acudió allí era un gran aficionado del esquí alpino procedente de Alemania del Este. Su sueño era ir de público a las pruebas alpinas, pero no se le permitía “entrar en el mundo occidental”, así que Zakopane era su única oportunidad. Allí animó a rabiar a Rosi Mittermaier y a Christian Neureuther al ser, al fin y al cabo, alemanes como él. Acabada la competición pudieron hablar con el aficionado e intercambiaron direcciones. Durante mucho tiempo se escribieron con regularidad. Los esquiadores le enviaban paquetes por Navidad con regalos que no se encontraban en la RDA. No queda ahí la cosa, puesto que Mittermaier y Neureuther regalaron al aficionado de la RDA sus propios esquíes y bastones. Huelga decir que el aficionado asistió entusiasmado por televisión a los éxitos olímpicos de Rosi en Innsbruck. La pareja de esquiadores llegó a invitar a su boda al aficionado y su familia, quien fingió ser primo de Rosi, pero no consiguieron el permiso de las autoridades para viajar a Occidente. Llegaron a escribir una carta al mismísimo presidente Erich Honecker para que les diera permiso, por supuesto sin resultado. En 1980 la familia logró huir en un velero desde Polonia…y acabaron llamando a la puerta de casa de los Neuteuther-Mittermaier en Garmisch. La familia procedente del Este acabó estableciéndose en Baviera, apoyada en todo momento por la pareja de ex esquiadores. Bonito colofón para destacar el aspecto humano que tienen los deportistas de élite, por muy campeones olímpicos e ídolos que sean. Rosi Mittermaier es un ejemplo de ello.

Un comentario

  • Virginia

    Que vida más interesante,menuda historia!
    Llamar abuela a una chica de 25 años,que cosas!
    Si hubiese sido otro deporte seguro que sería mundialmente conocida. Muy interesante.

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