Heroínas olímpicas

CECILIA TAIT: LEYENDA DEL VOLEIBOL PERUANO VENCEDORA EN LAS CANCHAS Y EN LA VIDA

Cecilia Tait ha tenido una vida plena -a la que le queda mucho camino por recorrer-. No necesariamente de color de rosa, antes al contrario. Si no hubiera superado los obstáculos que le dio la vida no se habría conformado el carácter de guerrera en el que se convirtió esta jugadora de voleibol peruana, la “Zurda de Oro”. Porque Cecilia superó las primeras trabas que le puso la vida por vivir en un mal barrio, una zona donde abundaban los trapicheos de drogas y los robos. A Cecilia ese ambiente la curtió en el sentido que se negó a entrar en la espiral fácil que conlleva ese ambiente; se hizo fuerte y se alejó a través del deporte, del voleibol en su caso. Ella misma admite que luchar por salir de ahí lo aplicó a su juego para convertirse en una característica que lo haría mejorar.

Pronto, de niña, fue descubierta y fichada para las selecciones de su país en categorías inferiores. Y entró el factor suerte, si podemos achacar a la diosa fortuna que de la misma generación que Cecilia fuera un puñado de jugadoras peruanas de tan alto nivel como para acabar subidas a un podio olímpico.

Foto de  International Volleyball Hall of Fame

Los éxitos empezaron a marcarse en el Mundial juvenil de México de 1981, donde las peruanas alcanzaron el subcampeonato. Allí Cecilia ya destacó, pues fue elegida la mejor jugadora del torneo. Al año siguiente se hicieron con el mismo puesto, pero ya en el Mundial “que importa”, el de la máxima categoría. De entre todas sus compatriotas, Cecilia Tait era posiblemente la que más destacaba siempre, integrando equipos de All-Stars junto a las mayores figuras mundiales y siendo elegida, ya como hábito, la mejor jugadora de los campeonatos internacionales en los que participaba. Como sucedió ni más ni menos en los Juegos Olímpicos de Seúl 88. Allí Perú no solo llegó a la final, sino que plantó cara a la URSS en un apretado encuentro que se extendió al máximo de cinco sets con un igualadísimo resultado de 17-15 en el último. Las peruanas perdieron, pero esa plata tuvo muchísimo mérito.

Los derroteros profesionales de Tait la llevaron a otros países para jugar en los mejores clubes. Sin ir más lejos, en la potente liga italiana -que disputó-, fue de nuevo declarada la mejor jugadora. Exitoso recorrido tuvo también en Brasil, otra de las grandes potencias de este deporte.

La selección de Perú, recibidas tras su plata en Seúl 88

La vida, que en sus comienzos se había presentado dura para Cecilia y se había transformado en un reguero de éxitos, volvió a darle un tortazo: las lesiones le impidieron seguir jugando. Fue entonces cuando, ya retirada, se inició en la carrera política. Primero a nivel municipal, siendo elegida Regidora del distrito limeño de Villa María del Triunfo (curioso nombre que la unía, irónicamente, con su carrera profesional previa). Después llegó a ser elegida congresista en el año 2000, siendo reelegida en varias ocasiones. Durante su periplo político se ocupó de causas sociales y de cuestiones relacionadas con el deporte, como lograr que por primera vez se pagara en su país a los atletas y logrando facilidades para que los deportistas pudieran desarrollarse. Acabada su carrera política Cecilia volvió al voleibol, esta vez desde la parte técnica siendo seleccionadora nacional de Perú.

Y llega el tercer tortazo en la vida de Cecilia, este aún más grande: el día en que su hija cumplía 15 años se le detectó un cáncer de ganglios. A Cecilia le tocó batallar de nuevo, esta vez en solitario, sin la ayuda de sus compañeras de equipo. Pero su carácter forjado en la lucha hizo, en parte, que venciera a su más temido rival.

Su última satisfacción fue encender el pebetero de los Juegos Panamericanos disputados en 2019 en su Lima natal, algo que supuso la culminación de uno de sus sueños. No podría haber sido mejor elección que la de esta leyenda nacional de Perú.

Foto de John Reyes/La República

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