Concienciados olímpicos

SAM SILLS, LA ATRIBULADA VIDA DE UN OLÍMPICO DE WINDSURF CON CONCIENCIA ECOLOGISTA

Se suele considerar a los practicantes de windsurf como aventureros y un tanto locos. Sam Sills, sin embargo, tiene la cabeza muy bien amueblada. Fue olímpico por Gran Bretaña en los Juegos de París en la categoría entonces denominada IQFoil (básicamente la tabla tradicional de windsurf a la que se añade por debajo una pieza que la ayuda a elevarse sobre el agua si se aplica la velocidad adecuada), tras frustrar sus intentos de ser olímpico en los Juegos de Río y Tokio. Su vida antes y después de ser olímpico parece merecedora de escribirse en un libro.

Empecemos con el antes. Siendo adolescente ganó los campeonatos mundiales sub 15 y sub 17, pero al poco no se sintió satisfecho con el hecho de que su deporte producía huella de carbono y tomó una drástica decisión: trasladarse a Noruega y Suecia para trabajar en el sector naval. El objetivo era transformar ciertas embarcaciones para que contaminaran menos o, mejor decir, dejaran de contaminar. Creó prototipos ecosostenibles basándose en sus conocimientos de arquitectura naval. A saber, trabajó para una compañía noruega sustituyendo los motores diesel de sus barcos por otros de cero emisiones, algo que se aplicó a varios tipos de embarcaciones. Un ejemplo: el catamarán turístico que recorre los fiordos noruegos, cambiándole a un motor de propulsión eléctrica que no contamina las aguas. Otro ejemplo: los botes salvavidas en barcos, que son obligatorios pero prácticamente no se usan nunca; al estar en permanente contacto con la sal se corroen, lo que provoca continuas revisiones de sus motores, que quedan inútiles. Él los cambió a motores eléctricos. En Suecia creó prototipos en impresora 3D de tablas de surf de remo usando resina de la industria maderera. En fin, centró sus trabajos y su dedicación a hacer embarcaciones no contaminantes.

En su camioneta. Foto de Maite Baldi/The Guardian

En estas, a Sam Sill se le acabó el dinero y se quedó con unas pocas pertenencias que cabían en una camioneta, vehículo en el que estuvo viviendo durante meses, todo por ahorrar para conseguir material para volver a competir, algo que hizo al enterarse que en los Juegos Olímpicos de París entraría la competición de IQFoil -que, como hemos visto, no es sino una evolución del windsurf-. Al conseguir buenos puestos en sendos Mundiales (séptimo y quinto en el del 2023) pasó a liderar al equipo británico. Consiguió entonces la plaza olímpica para París, donde no superó la fase de cuartos de final. Y ahora es cuando contamos el “después de” los Juegos, un después que ocurrió de forma tan inmediata que incluso tuvo lugar en la misma sede olímpica.

Ocurrió que la británica Ellie Aldrige ganó la medalla de oro olímpica y justo en la celebración de la misma alguien saltó desde un muro al grupo de personas entre las que se encontraba Sam yendo a caer justo sobre su cabeza y, a continuación, dando ambos contra el suelo. Las consecuencias fueron devastadoras para Sills. Durante el año y medio siguiente tuvo que recuperarse de las heridas provocadas por ese estúpido accidente. Nervios centrales de su cerebro que iban al resto del cuerpo habían sido dañados. Como son los que controlan el cuerpo le afectaron seriamente, lo que le causó un largo periodo de rehabilitación, sufriendo además fuertes dolores. Le afectó también a la vista, así como a la función motora. Llegó a estar “completamente incapacitado”.

Sin embargo, por esos milagros que a menudo nos demuestran los deportistas, por su gran capacidad de sacrificio, esfuerzo y resiliencia, Sam Sills no solo ha vuelto a tener una vida normal, sino que ha vuelto a la competición y, lo que aún más grande, quiere volver a ser olímpico.

Foto de Lloyd Images/World Sailing

Un comentario

  • Virginia Bernardi Garrido

    Menuda historia, que fuerte!. Un gran luchador por el medio ambiente que casi no lo cuenta, menos mal que lo superó. Otra prueba de que los deportistas están hechos de otra pasta, ojalá consiga muchos triunfos.

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