Paralímpicos

PHILIP COATES-PALGRAVE: LA ESPELUZNANTE HISTORIA QUE LE LLEVÓ A SER DEPORTISTA PARALÍMPICO

No perder el placer por la vida. Eso es lo que movió al sudafricano Philip Coates-Palgrave a dedicarse al deporte, él que nunca lo había practicado (llega a afirmar haber sido un vago redomado en ese sentido durante años), tras perder una pierna. Y el deporte, en concreto el tiro con arco, le llevó hasta los Juegos Paralímpicos.

El sudafricano saboreó sentirse deportista de élite, participante en unos Juegos Paralímpicos, en Tokio 2020. Entonces tenía 50 años y habían pasado 26 desde que se produjo el horrible accidente en el que perdió su pierna izquierda y seis desde que decidió que quería competir. Por aquel entonces no tenía claro qué modalidad deportiva escoger y, sin saber muy bien por qué, se lanzó por el tiro con arco. Investigó un poco y empezó a atraerle. En ese momento contactó con Shaun Anderson, otro coetáneo y compatriota suyo que se dedicaba ya al tiro con arco paralímpico y había competido en los Juegos de Río y que acabaría convirtiéndose en su entrenador.

Fotode IMAGO/ZUMA Wire

Philip no consiguió medalla en su primera experiencia en Juegos Paralímpicos. De hecho, hasta se sorprendió de haber ganado en su primer enfrentamiento. Pero la satisfacción que vivió en Tokio fue inmensa, conseguida gracias a ese cambio que dio en su vida al decidirse no quedarse sentado y lanzarse al deporte.

Y ahora toca el relato espeluznante de cómo perdió la pierna, historia de la que se hizo eco la prensa mundial a raíz de su aparición en Tokio 2020. Vale la pena recordarla o darla a conocer para aquellos que no la hayan oído. Prepárense, porque este relato no es apto para sensibilidades extremas.

Philip era guía de safaris en Zimbabue. Estamos en 1995 y Philip se encuentra guiando a un grupo en una barca por el río Zambezi. El barco sorprende a un habitante de esas aguas: un hipopótamo que se lanza a por él en un ataque feroz mientras Philip intenta por todos los medios proteger a los turistas, de los que era responsable. Coates-Palgrave no tiene claro quién de los dos, si él o el hipopótamo, se asustó más. Mientras el hipopótamo le arrastraba a las profundidades y estaba siendo literalmente vapuleado en un ataque que duró tres largos minutos Philip intentó calmarse llevando una respiración que le ayudara a relajarse. Se sentía, según sus propias palabras, como dentro de una lavadora. Era conocedor de que nada podía hacer para defenderse, de que la muerte le esperaba. De repente, el animal, creyendo que ya estaba muerto, le soltó.

Ahí no acabó su agonía, pues tardó 25 horas en alcanzar un hospital. Huelga decir que, una vez hospitalizado, sufrió numerosas intervenciones. Algunas para salvar su pierna en un proceso que se alargó meses. Pero finalmente aquélla tuvo que ser amputada.

Se da la circunstancia de que no había sido esa la primera ocasión en que pasó por una situación peligrosa. Previamente fue arrastrado en las cataratas Victoria. No fue entonces un animal el que puso en peligro su vida, sino una fuerza de la naturaleza. De esa experiencia se llevó el aprendizaje de que, en una situación así, lo único que puedes hacer es intentar relajar tu respiración para no ahogarte bajo el agua.

Foto de Reg Caldecott

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