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TATIANA NAVKA: DE LA GLORIA OLÍMPICA AL DESPRESTIGIO

Cómo pasar de ser admirada como deportista de éxito a vilipendiada por acciones dignas de, cuanto menos, una crítica. Así se resumen los últimos años de la patinadora Tatiana Navka, de la que no nos atrevemos a afirmar a qué nacionalidad pertenece. Porque, aunque nacida en Ucrania, representó a la Unión Soviética para pasar más adelante a hacerlo por Bielorrusia sin conexión alguna con este país (pero con el plus de no tener que pelear por una plaza en el competitivo plantel de patinadores rusos) para finalmente hacerlo por Rusia.

Tatiana se vio atraída por el patinaje artístico a los cinco años tras verlo en televisión. Empezó como patinadora individual pero de repente creció demasiado (hasta 14 centímetros), lo que dificultaba los saltos, así que se pasó al patinaje de danza. Pasó a entrenar en Moscú y se unió a Samvel Gezalian, con quien consiguió sus primeros títulos representando a la entonces aún existente Unión Soviética. Tras la disolución del país la pareja pasó a representar a Bielorrusia, llegando a participar en un campeonato europeo, donde acabaron novenos. Junto a Gezalian Navka fue por primera vez olímpica, en la cita de 1994 en la localidad noruega de Lillehammer. Acabaron en un undécimo puesto. En 1996 cambió de pareja pero no de país. Se unió a Nikolai Morozov (otro patinador que ha llegado a competir por tres países, a saber Rusia, Bielorrusia y Azerbaiyán). Con él protagonizó uno de los momentos más bizarros del patinaje artístico en unos Juegos Olímpicos. Ocurrió en los Juegos de Nagano 98. Durante su programa libre se apagaron tres cuartas partes de las luces, pero la pareja no interrumpió su número. Ciertamente, no acabaron en un gran lugar (16º) pero ese hecho quedará en la retina de los que fueron testigos.

Foto de Mike Segar/Reuters

Es después cuando Tatiana cambia de nuevo de pareja, juntándose con Roman Kostomarov, con quien lograría sus mayores éxitos, por encima de todos el oro olímpico. Con él también cambió de país al que representaba, pasando a hacerlo por Rusia. Pero la alianza Navka-Kostomarov vivió un periodo de disolución cuando ella se quedó embarazada y no pudo competir durante un año. El año 2000 vuelve a unirles, pasando a entrenar en Estados Unidos con un nuevo entrenador, el doble medallista olímpico Alexander Zhulin, con el que Tatiana se casa. La hija que tienen en común llegó a nacer en Estados Unidos. Es en este periodo cuando Navka y Kostomarov consiguen el cénit de su carrera: dos títulos mundiales y tres europeos (además de un bronce) y victorias finales en el Grand Prix en tres ocasiones (a las que hay que sumar una plata). Solo queda rematar en unos Juegos Olímpicos. Si no consiguen hacerlo en los de Salt Lake City, pues quedan décimos en una de las competiciones más reñidas de la historia del patinaje de danza, sí que lo hacen en la siguiente cita de Turín 2006, alcanzando el oro. Por entonces Tatiana contaba casi 31 años, lo que la convirtió en una de las patinadoras de mayor edad en conseguir el oro olímpico.

Tras el oro olímpico la pareja se retiró, aunque continuaron participando en espectáculos sobre el hielo y, en el caso de Navka, en programas de televisión relacionados con el patinaje. Y ha sido en su etapa posterior a su carrera como patinadora donde Tatiana Navka ha protagonizado desgraciados titulares tras sus controvertidas declaraciones. Entre las polémicas que ha protagonizado han estado las claras críticas a la participación de los hombres en la gimnasia rítmica, aduciendo que “afortunadamente en mi país no se permite la participación de hombres”. Sus comentarios sexistas se centraron en el gimnasta español Cristofer Benítez. ¿Metedura de pata? No lo parece, pues la campeona olímpica ha apoyado públicamente la ley rusa de antipropaganda gay. También ha tenido problemas fiscales, al descubrirse que era beneficiaria de una compañía sita en las Islas Vírgenes Británicas y que había mentido sobre su estado civil y unas propiedades. Casada en la actualidad con Dmitri Peskov, portavoz de Putin, ha sido sancionada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y por la Unión Europea al entrar en la lista negra de personas con un papel clave en la invasión de Rusia sobre Ucrania. A raíz de las sanciones internacionales motivadas por la guerra protagonizó otra polémica (menor esta vez) al viajar a Israel para pasar las vacaciones aprovechando que ese país permitía la entrada de ciudadanos rusos.

Triste forma de empañar el recuerdo y la imagen de una campeona olímpica que, en su día, deleitó en sus diferentes programas sobre el hielo. 

Foto de Yuri Kabdobnov/AFP via Getty Images

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