Camino a Tokio

FEMKE HEEMSKERK: BODA EXPRÉS PARA LA CAMPEONA OLÍMPICA PARA PODER ENTRENAR EN ESTADOS UNIDOS DE CARA A TOKIO 2020

La crisis del coronavirus ha ofrecido, por desgracia, historias dramáticas que también han llegado a afectar al mundo deportivo y olímpico, produciéndose incluso fallecimientos entre deportistas olímpicos por esta causa. Por otro lado ha ofrecido muestras de solidaridad en apoyo de las víctimas y los trabajadores sanitarios, etc. en muchos casos de parte del mundo deportivo (y olímpico, por descontado), pero no hemos encontrado otra historia, causada por esta misma crisis, tan curiosa y diferente como la protagonizada por la campeona olímpica de natación Femke Heemskerk.

Se trata de una reputada nadadora de los Países Bajos que ya ha competido en tres ediciones de los Juegos y está clasificada para los que serán sus cuartos, los de Tokio. En su primera experiencia olímpica, durante los Juegos de Pekín 2008, ya se coronó como campeona, al conseguir el oro en la prueba de relevo 4×100 estilo libre junto a compañeras de la talla de Inge Dekker, Ranomi Kromowidjojo y Marleen Veldhuis. Menos suerte tuvo a nivel individual, al acabar en 28º puesto en las baterías y, aunque también participó en esos mismos Juegos en otras dos pruebas de relevos (4×200 libres y 4×100 estilos) no se clasificó junto a sus compañeras a la final. Aún estaban por llegar sus numerosos récords nacionales -en una nación que siempre ha destacado en la natación en su categoría femenina- y mundiales, éstos siempre dentro del equipo de relevos. Siendo como es de los Países Bajos, no le ha sido fácil a Femke destacar sobre las rivales de su propio país, pero en algunas competiciones internacionales las ha superado, a ellas y a otras grandes campeonas. Por citar algunas, la ya mencionada Ranomi Kromowidjojo o la sueca Sarah Sjöström.

Volvió a subir al podio olímpico en los Juegos de Londres 2012, en la misma prueba que en los de Pekín, aunque esta vez pasó del oro a la plata. También estuvo en los Juegos de Río, pero por primera vez se fue de una cita olímpica sin medalla, quedando en el puesto que más escuece: el cuarto, en la prueba que más éxitos le ha proporcionado, los 4×100 relevos estilo libre. Pero en su palmarés no han faltado las medallas: hasta 55 en total.

Pero no estamos aquí para hablar de la carrera deportiva, por muy destacada que sea, de esta nadadora neerlandesa, sino para contar hasta qué punto está comprometida con su carrera deportiva y su sueño de unos cuartos Juegos Olímpicos y lo que ha estado dispuesta a hacer y en qué circunstancias para que nada le parara en su preparación a los mismos. Como es bien sabido, la pandemia de coronavirus ha obligado a cerrar los centros deportivos de todo el mundo, sin exclusión de los de alto rendimiento, donde los deportistas olímpicos -muchos de ellos ya con plaza para Tokio 2020- se preparaban para la cita más importante del cuatrienio a pocos meses vista. Los cierres fueron repentinos y se produjeron con rapidez, aunque no en todos los países de forma exactamente simultánea. En su país natal, en concreto, a mediados de marzo, viendo ya cómo se presentaba el panorama (y cuando aún no se había decidido el retraso de un año de los Juegos de Tokio) el cuerpo técnico decidió recluir a los nadadores de la selección nacional en un viejo monasterio situado en la pequeña localidad de Drachten, ya que contaba con una piscina que se acababa de cerrar para el público en general pero no para los nadadores de élite. Esta posibilidad, para desgracia del combinado holandés, sólo pudo disfrutarse por pocos días, al cerrarse también, por decisión del Gobierno. Pero Femke Heemskerk, pensando aún que los Juegos se iban a celebrar en la fecha prevista, no se rindió e ideó un en cierto modo rocambolesco medio para poder seguir entrenando. Si un domingo por la tarde se cerraba el complejo de Drachten  a la mañana del siguiente día intentó viajar a Vancouver, Canadá, para estar con su prometido, un holandés residente en Estados Unidos. No solo quería verle, pensando que el confinamiento que se cernía iba a impedirle verle durante quién sabía cuánto tiempo, sino porque él contaba con una piscina en su residencia de California. Pero Estados Unidos por aquel entonces ya había cerrado sus fronteras a Europa, así que el reencuentro no iba a resultar tan fácil.

Con su ya marido, Guido Frackers

La “aventura” de Femke prosigue en Canadá, adonde consiguió llegar el citado lunes. Desde allí intenta volar a Estados Unidos, pero se lo deniegan. El paso de la frontera sí que habría estado abierto para ella de haber estado casada con un nacional o residente en Estados Unidos. ¿Solución?: adelantar la boda con su prometido. Al fin y al cabo tenían previsto celebrarla pocos meses después. La nadadora tuvo suerte de que la burocracia en Canadá en este caso es muy ligera, tanto que pudieron celebrarla incluso en escasas horas, el martes, así que nada de esperar días. Se pusieron en contacto con un funcionario que llegó al poco al sitio mismo donde habían tomado la decisión: ni más ni menos que un simple establecimiento de kebab, donde se realizó la “ceremonia”, con dos clientes que esperaban en la cola como testigos. Tal cual. Ni que decir tiene que nada de traje de novia. Es más, la olímpica había llevado en su maleta sólo ropa deportiva, así que se casó en pantalón de chándal y con un sencillo y cómodo suéter. La campeona olímpica bromeó después diciendo que “se tarda más en conseguir un capuccino que lo que tardé en casarme”.

Tras la boda la pareja pudo ya por fin viajar a Palm Springs, donde el contrayente cuenta con una piscina privada en su casa, que Femke, huelga decir, usó desde el primer día para no cortar con sus entrenamientos. Como ven, el sueño por participar en unos Juegos Olímpicos es tan fuerte que provoca un cambio de planes tan radical en una ceremonia que, en teoría, es única e inolvidable. Desde luego que Femke Heemskerk no olvidará su boda, pero por razones distintas a las que había planeado.

La segunda por la izquierda, con sus compañeras oro en los relevos 4×100 en Pekín 2008

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