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SHIM SUK-HEE: OTRA CAMPEONA OLÍMPICA VÍCTIMA DE ABUSOS

El patinaje de velocidad en pista corta (o short track, como es más conocido) es algo casi “sagrado” en Corea del Sur, país que ha obtenido ni más ni menos que 24 medallas de oro desde que este deporte se incorporó al calendario olímpico, en 1992. Sus estrellas son elevadas al máximo y entre ellas se encuentra Shim Suk-hee. Con cuatro medallas en Juegos Olímpicos (dos de ellas de oro) y una larga lista en otros importantes campeonatos, ha sido precisamente su prestigio y sus éxitos los que han facilitado dar voz a su denuncia, pues fue víctima de abusos durante años por parte de su entrenador. Muchos consideran que de no haber sido campeona olímpica sus acusaciones habrían quedado en saco roto. Sin embargo, su entrenador -Cho Jae-beom- fue alejado del equipo nacional a falta sólo de un mes para los Juegos Olímpicos de Pyeongchang, en su propio país, para más tarde ser juzgado en los tribunales.

Shim Suk-hee practica ese deporte tan popular en su país desde los seis años. Fue apoyada por su familia en todo momento, familia que llegó a realizar sacrificios para que progresara en su carrera deportiva. Así, su padre renunció a su trabajo y toda la familia se mudó a Seúl para estar más cerca de Shim. Con 14 años ya despuntó en los Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados en Innsbruck, para ser seleccionada por el equipo nacional absoluto un año más tarde. Pasó únicamente un año más hasta que se proclamara campeona mundial (en la distancia de 3.000 metros). Otro año más y Shim Suk-hee debuta en unos Juegos Olímpicos, los de Sochi. Antes de acudir a los mismos declaró ir con la intención de ganar varios oros, pero “sólo” ganó uno, acompañado de una plata y un bronce. No es momento de seguir hablando de su abultado palmarés, que siguió engordando. Sólo mencionar que en la siguiente cita olímpica, en su propia casa, obtuvo un oro (en la competición de relevos) y en las otras tres competiciones -individuales- en las que participó lo hizo con resultados pobres, sin tan siquiera alcanzar la final. La explicación bien podría ser lo ocurrido previamente. Pocas semanas antes del comienzo de los Juegos tuvo que suspender su preparación durante dos días al recibir la agresión de su entrenador que, como hemos dicho, fue expulsado del equipo (para marchar, por cierto, a entrenar ipso facto al equipo chino). Eso no fue más que el comienzo de una pesadilla, o más bien el principio del final, que estaba a punto de estallar.

Meses más tarde las acusaciones llegaron a los tribunales. La primera vez que la patinadora tuvo que comparecer ante los tribunales para relatar sus padecimientos no fue capaz, pero acabó armándose de valor. Y es que lo que iba a contar era grave: empecemos por lo más “suave”: el entrenador ejercía un control absoluto sobre ella y el resto de patinadores, hasta el punto de registrarles continuamente el teléfono móvil para saber con quién hablaban. Cuando aún era una niña, el entrenador Cho le rompió un hueso de su dedo con un stick de hockey hielo. Shim no podía denunciarle, ya que el entrenador le advirtió que, de hacerlo, se quedaría fuera del equipo y acabaría con su carrera. Seguimos con el espeluznante relato: Cho solía pegarle a base de puñetazos y patadas en la cabeza hasta un momento tal, durante la preparación para los Juegos de Pyeongchang, en que ella “creyó morir”. A todos extrañó el bajo rendimiento de Shim durante los Juegos. Posteriormente ella ha explicado que una absurda caída que tuvo durante los mismos se debió a una trauma provocado por los golpes de su entrenador.

Los abusos físicos se produjeron desde que la patinadora contaba con sólo siete años y, aparte de las lesiones físicas, la dejaron traumatizada y con depresiones, como es natural. Lo peor es que el grado de violencia “iba escalando” según pasaban los años. Y, por desgracia, no se limitaron a golpes físicos, sino que llegaron al aspecto sexual, incluyendo la violación. La mujer del entrenador Cho empezó a sospechar de él. Frente a esas sospechas y para que éstas no fueran a más Cho intentó “callar” a su víctima ofreciéndole 445 dólares.

¿Qué ha dicho Cho sobre las acusaciones de abusos físicos? Reconoció que sometía a sus pupilos a golpes físicos “para mejorar su actuación”. Los abusos también eran mentales. La patinadora reconoce haber sufrido un “lavado de cerebro” hasta llegar a un alto grado de ansiedad. Shim Suk-hee ha tenido que ser sometida a un tratamiento psicológico por depresión, ansiedad, desorden del sueño y desorden de estrés post-traumático.

Foto de Shim Hyun-chul/Korea Times

Si algo bueno ha traído la denuncia de la campeona olímpica ha sido que ha servido para animar a otras deportistas de su país a denunciar abusos, entre ellas otras cinco patinadoras y otras deportistas de judo, taekwondo y lucha, sin olvidar las acusaciones por abusos económicos y psicológicos por parte de su entrenador del exitoso equipo femenino de curling (plata en Pyeongchang) del que ya hablamos aquí.

Parece que el movimiento #MeToo ha calado en Corea del Sur. Shim Suk-hee ha recibido apoyos morales por doquier, algo que la ha animado mucho, como es natural. Mientras Cho ha sido condenado por los tribunales Shim intenta volver a su deporte. El apoyo hacia ella y el descrédito de él van en aumento. Como muestra, las 260.000 firmas que pedían una mayor condena al abusador. El caso, unido a las otras acusaciones de abusos, ha llamado también la atención -por fin- del Gobierno, que ha realizado una investigación intentando averiguar qué y cuántas deportistas surcoreanas han sufrido abusos. Como ha ocurrido en otros casos, la permisividad y el silencio en el pasado ha permitido que los casos no solo no cesaran, sino que aumentaran al no recibir sanción alguna el abusador.

Foto de AFP

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