Heroínas olímpicas

MAIDER UNDA: UNA LUCHADORA DE LA VIDA

De todos es sabido que alcanzar la gloria olímpica conlleva necesaria e irremediablemente sacrificios, lucha y esfuerzos, pero algunos medallistas lo han tenido más fácil que otros. O, para expresarlo de otra manera: algunos han gozado de mayores facilidades. No es el caso que nos ocupa esta vez. Para empezar, su especialidad -que enseguida desvelaremos- ni existía cuando empezó a practicarla, o más bien existía desde hace siglos, siendo una de las especialidades olímpicas más antiguas, pero le llevó todos esos siglos convertirse en modalidad olímpica para mujeres. Porque nuestra protagonista es una mujer y de armas tomar. Como no había campeonatos femeninos, competía (y entrenaba) con hombres. Quizá eso exigió más de ella y alcanzó el nivel que alcanzó. Estamos hablando de Maider Unda, vitoriana que alcanzó el éxito olímpico en la edición celebrada en Londres en 2012. Pero para llegar a eso tenemos que hablar de todo lo que le costó alcanzar ese punto culminante de su carrera.

Desde los nueve años le atrajo la lucha libre, aunque en sus comienzos también se acercó al sambo, otra modalidad de lucha que, por cierto, ha intentado recientemente -sin éxito- convertirse en olímpica. Las mujeres tuvieron que esperar poder participar en unos Juegos Olímpicos sólo a partir de la edición de de Atenas 2004. Maider estuvo presente en la siguiente edición, celebrada en Pekín. Una de las múltiples lesiones que sufrió en su carrera la privaron de estar en el debut olímpico, pues debido a una bursitis en su pierna izquierda se perdió toda la temporada de 2004. Ya que mencionamos esa grave lesión que retrasó su debut olímpico aprovecharemos para mencionar algunas otras que padeció para que valoremos aún más la carrera de Maider: desde la rotura de un pómulo en sus inicios hasta la temida “triada” (rotura de ligamento cruzado anterior, lateral interno y menisco externo) justo en el año previo a los Juegos que acabarían de encumbrarla. Entre medias, más lesiones, como rotura de menisco, etc.

Foto de AD

Como decimos, Maider Unda estuvo en los Juegos de Pekín 2008 y rozó la gloria del podio, perdiendo en el desempate por el bronce. Así que tenía una deuda pendiente con el máximo torneo internacional, deuda que saldó en la siguiente cita gracias al bronce conseguido. Entre medias, medallas en Europeos y un Mundial. El cuatrienio previo a Londres 2012, con lesión grave y todo, fue el mejor de esta luchadora vasca. Su sueño era volver a ser olímpica en Río, tras haber sido madre. Fallar en el preolímpico correspondiente, sin alcanzar la plaza que la llevara a la ciudad brasileña se lo impidió. Eso la decidió para retirarse definitivamente de este mundo.

El mundo en el que está ahora metida esta medallista olímpica no podía ser más distinto. O no, porque le exige unos sacrificios -incluso físicos y, por descontando, de disciplina- que en realidad recuerdan mucho la vida de un deportista de élite. Maider, que estudió en su día electrónica y abandonó tras dos años la vida de deportista de élite en la residencia Blume de Madrid porque necesitaba sus rutinas diarias en su pueblo, continúa con su hermana la tradición familiar del caserío y fábrica de quesos heredados de sus padres. Situada a las afueras de Vitoria, en pleno campo, la ex luchadora se levanta invariablemente a las 7 de la mañana y atiende las tareas implícitas en la elaboración del queso con Denominación de Origen Idiazábal. Las hermanas han bautizado el que elaboran como “Atxeta Gazta, un queso olímpico”. Para realizar estas tareas Maider es a la vez pastora, quesera y copropietaria de la fábrica, lo que acarrea tareas de venta. La fábrica familiar posee 300 ovejas y produce 4.000 quesos al año.

La llamada “Iron Maider” tuvo que retirarse, entre otras causas, por los cambios que quiso hacer el COI en su deporte: ya no quedaba tiempo para pensar en los combates, sino sólo actuar. La pasividad está ahora altamente penada. El cambio en la táctica fue radical. Además, se realizó una reducción en el número de participantes. Demasiados cambios en el ocaso de la carrera de una campeona que tuvo que pelear contra todo y contra todos hasta que por fin pudo ser olímpica.

Foto de Yuri Cortez-AFP

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