Heroínas olímpicas

BRYONY PAGE: LA SALTADORA DE TRAMPOLÍN MEDALLISTA OLÍMPICA QUE OLVIDÓ CÓMO SALTAR DEBIDO A UN SÍNDROME


La británica Bryony Page es uno de esos casos de medallista olímpico inesperado, empezando por el propio protagonista, especialmente cuando un síndrome afecta de tal manera a la base de tu deporte como para hacerte pensar muy seriamente en tener que abandonar su práctica, mucho menos aspirar a una medalla en una competición de prestigio. A Bryony Page, saltadora de trampolín –la modalidad gimnástica más reciente en incorporarse al programa olímpico, desde Sidney 2000- le tocó padecer un extraño síndrome que afecta a gimnastas y saltadores de trampolín (acuáticos): el síndrome del movimiento perdido. Consiste precisamente en eso: en desaprender movimientos ya adquiridos; en definitiva: la peor pesadilla para este tipo de atletas. De repente, el gimnasta o el saltador olvidan los saltos, las piruetas ya dominadas. Su cuerpo les impide hacerlas. Han perdido sus habilidades motoras. Es, sin lugar a dudas, una gran frustración que impide, como es natural, la progresión y la participación de los deportistas en competiciones. Aunque pueda resultar extraño, es algo más habitual de lo que pensamos. La británica ya lo padeció en sus primeros años como gimnasta, pero se recuperó en 2010 con la inestimable ayuda de su entrenador, que se basó en la confianza para que Bryony fuera retomando los movimientos ya adquiridos. Así, ese mismo 2010 compitió en su primer Mundial, finalizando en un más que digno cuarto puesto.

Page había ya superado su incordiante síndrome y los siguientes Juegos Olímpicos iban a ser en casa. Sin embargo, tuvo que perderse los de Londres 2012 debido a una lesión. Tras recuperarse, llegaron medallas en sucesivos campeonatos pero la pesadilla del síndrome regresó y en el peor de los momentos: a dos años vista de la siguiente cita olímpica, la de Río 2016. Concretamente en el otoño de 2014, después de haber realizado una gran actuación en los Europeos, el temido síndrome reapareció y con él los mayores temores para Bryony. Ya no era capaz ni de realizar el salto más simple. Había llegado a su punto más bajo a nivel mental y anímico, al borde de la depresión y, seguro, cruzando el límite de la frustración. Sin embargo, Bryony tuvo la capacidad de superarse una vez más y vaya si lo hizo: logró la medalla de plata olímpica, que además suponía la primera para un trampolinista británico en unos Juegos Olímpicos.

Foto de PA Images

Bryony Page y el mal que padeció es un ejemplo más de la presión a la que se ven sometidos los deportistas de élite y la certeza, por si a alguien aún le cupieran dudas, de que no son tan superhumanos como podamos creernos. Ahora nos explicamos la sentida reacción de Page al conocer en Río el hecho de convertirse en medallista. Su llanto llega a avergonzarla ahora, pero su plata olímpica suponía haber superado –con nota- todos los malos momentos vividos.

Tras los Juegos de Río a Page le tocó luchar contra otro mal, de nuevo extraño, este –si cabe- aún más minoritario, pues lo padece solo el 3% de la población: un crecimiento anormal del hueso, aunque una segunda exploración –tras una primera operación- descubrió que Bryony tenía un músculo de más en la articulación que tuvo que ser extraído en una segunda intervención. Estos problemas físicos la mantuvieron 23 meses fuera de competición pero, como no podía ser de otra manera tratándose de la fuerte Bryony, ha podido volver a la misma.

Como curiosidad decir que Bryony Page se licenció con honores en Biología por la universidad de Sheffield con una disertación sobre el estudio de los sonidos realizados por dinosaurios.

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