Entrevistas

FERNANDO ROMAY: “NUESTRA PLATA DE LOS ÁNGELES 84 DIO IMPULSO AL DEPORTE ESPAÑOL”

Su trayectoria merecía una medalla olímpica. En su club, el Real Madrid, había ganado todo lo posible. Con su selección, la española, se estrenó con una plata en el Europeo de Francia en 1983, año previo a los Juegos Olímpicos que marcarían para siempre su palmarés y su carrera deportiva, ya que en Los Ángeles 84 volvería a subir al segundo escalón del podio. Esa medalla, nos cuenta el baloncestista Fernando Romay, dio impulso al deporte español. Fue un antes y un después. Puso al baloncesto español en la calle. En algunos momentos incluso había quien aventuraba que si estaba a la altura del fútbol, aunque evidentemente luego se vio que no. Pero el baloncesto español está a una altura tremenda y todo empezó con ese éxito”.

En la final, el hueso más duro de roer, Estados Unidos que, para más inri, jugaban “en casa de los Lakers y eso hizo que el campeonato fuera mucho más especial”, en opinión de Fernando Romay. La primera final olímpica para la selección española –masculina o femenina- de baloncesto. Aunque ya la semifinal contra Yugoslavia fue la auténtica final para los españoles, así opina el ex pivot: “Indudablemente la semifinal contra Yugoslavia fue nuestra final. Entonces había tres potencias a las cuales era muy difícil ganar: URSS; EE.UU. y Yugoslavia. De hecho Estados Unidos, pese al nivel que tenemos, sigue costando vencerla”. Ese éxito fue posiblemente el comienzo de un ciclo en el baloncesto español que ha tenido, tanto la generación de Romay como posteriores, un factor clave común: la unión del equipo: “El ambiente en el equipo era muy parecido a lo que es en el actual. Yo creo que el nivel de confraternización y de unir intereses y olvidarte de egos y ponerte en favor del ideal común que es el equipo fue fundamental”. 

El gallego, que confiesa haber vivido la final de Los Ángeles “con un nerviosismo tremendo, con unas ganas increíbles, pero sabedores de que era una gesta si no imposible, casi imposible” da un valor extraordinario al metal olímpico y a su torneo y, por ende, a la repercusión que ofrece: “Si algo tiene de grande el movimiento olímpico y los Juegos Olímpicos es que todo éxito mayor o menor se eleva a la enésima potencia por el mero hecho de ser unos Juegos Olímpicos. Nuestra medalla de plata fue en un momento donde las medallas estaban mucho más caras de lo que pueden estar ahora. El deporte español ha subido mucho ahora y las circunstancias han hecho no que sea más fácil ahora, pero sí más asequible conseguir medalla”. Porque, como nos cuentan todos los deportistas olímpicos, los Juegos es “otra cosa”. En palabras del baloncestista: “un jugador de baloncesto va a campeonatos Europeos, Mundiales, pero siempre de tu deporte, pero cada cuatro años llega un campeonato de todos los deportes a la vez. Estás con los ídolos que tienes de tu deporte y, sobre todo, con los ídolos que tienes de otros deportes y aparte de eso los ideales olímpicos que te impregnan y que es un momento muy especial, con toda la parafernalia que tiene, el ritual que lleva los JJ.OO. y hace que sea para mí la competición de las competiciones”.

Una plata olímpica no se obtiene así como así. Sin embargo, Romay es de la opinión de que al ganarla no se le cumplieron todos sus sueños “ni en el baloncesto ni en la vida. En el momento en que se cumplan todos tus sueños es que ya estás mirando para arriba. Yo soy muy inconformista, pero hay muchas cosas que hacen que no estés contento del todo”. Fernando Romay recibió del baloncesto esa medalla, pero posiblemente ofreció al baloncesto español más de lo que recibiera, como pilar básico de una generación que marcó un ritmo que sucesores han seguido sin pausa.

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