Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 46: LA “BATALLA DE LAS CARMEN” EN CALGARY 88

No es inusual que los patinadores de artística coincidan en la música de sus programas con sus rivales, incluso en el mismo año y en la misma competición. Existen músicas claramente favoritas en el patinaje artístico y la “Carmen” de Bizet es una de las más características. En los Juegos de Calgary de 1988 enfrentaría a las dos máximas rivales para hacerse con el oro en la competición femenina: la alemana Katarina Witt y la estadounidense Debi Thomas. La primera era la entonces vigente campeona olímpica, mientras que la segunda había quedado en el campeonato Mundial previo a escasísima diferencia del oro, que ganara Witt. Parecía que el duelo de Calgary 88 iba a estar entre ellas dos. Además, las dos habían escogido la misma música para su programa largo, la citada de “Carmen”. Witt y su entrenadora, Jutta Muller, habían pensado casi a la vez en la conveniencia de adaptar en el programa olímpico la pasional música de “Carmen”. La patinadora estaba convencida de que su música, su historia y el carácter del personaje iban a la perfección con sus propias características. Sabía que era el personaje que tenía que interpretar. Sólo después se enteró de que su máxima rival, Debi Thomas, también había escogido esa pieza musical. La batalla estaba servida, la que pasó a denominarse “Batalla de las Carmen”. (Curiosamente, en esos mismos Juegos se dio otra batalla a nivel masculino, la llamada “Batalla de los Brians” entre Brian Boitano y Brian Orser).

Tras las dos primeras pruebas –figuras obligatorias, que se realizaba por entonces todavía, y el programa corto- iba en cabeza Thomas, seguida de Witt. El programa largo supondría el 50% de la nota final.

Mientras la campeona alemana parecía relajada en los minutos previos a su salida al hielo en la final, siempre rodeada y saludada por numerosas personas, la estadounidense, que debutaba en una cita olímpica –que resultaría ser su única experiencia- se apartaba en solitario, huyendo de la presión de las cámaras. La tercera en discordia para el podio, la local Elizabeth Manley, optaba por una tercera vía: permanecer el máximo tiempo en la villa olímpica distrayéndose con cosas como hacer la colada.

En el grupo final dio la sorpresa la japonesa Midori Ito que, viniendo de un octavo puesto, realizó un limpio y técnicamente alto programa libre con una nota media de 5.9 (el máximo entonces era 6).

Saltó después a la pista Katarina Witt, arrolladora desde la potente mirada inicial. Su actuación está llena de la teatralidad que requiere el papel, pero el aspecto técnico no alcanza el nivel de otras actuaciones de previos campeonatos. La Carmen de la germana era una Carmen sexy. La patinadora estaba tan nerviosa el día de la final que no paraba de ir al baño para repintarse los labios. Cuando, más tarde, vio sus fotos se sorprendió por la cantidad de pintalabios y de maquillaje que se puso.

Debi Thomas. Foto de Jerome Delay/AFP/Getty Images)

En el primer tercio del programa tenía tres saltos difíciles. Era fundamental para ella aterrizarlos bien para ganar confianza de cara al resto del programa, cosa que hizo. Así, enlazó con la siguiente sección, más lenta, en la que la patinadora pudo hacer gala de sus dotes interpretativas realizando poses y gestos teatrales durante más de medio minuto, flirteando con el público y los jueces –recurso, por otra parte, habitual en el patinaje artístico, de ahí su “apellido”- La parte final era muy dramática. La patinadora acababa yaciendo sobre el hielo, como muerta. Katarina Witt reconoció que no estaba segura de que su programa de Carmen le pudiera otorgar el oro. Se trataba de un programa que se podía batir.

A continuación, Elizabeth Manley. Ella sabía que si realizaba perfectamente su salto triple axel podría con todo el resto de saltos. Así hizo. Se dijo a sí misma durante el programa que debía disfrutarlo, cosa que consiguió. Sus notas también fueron muy altas. Está claro que iba a ganar una medalla: o de plata o de bronce. De hecho, su programa libre fue el que recibió en total las notas más altas de entre todas las participantes.

La última en salir fue una algo nerviosa Debi Thomas. Desde la segunda fila la contemplaba Katarina Witt, creyendo que aquélla era su mayor rival. El entrenador de la americana sabía que Debi debía saltar bien cinco saltos triples para ganar el oro. Sin embargo, la americana no acabó de finalizar bien algunos de ellos. Le faltó limpieza. En uno de ellos llegó a tocar el hielo con la mano. Conseguía realizar los saltos, pero no aterrizarlos correctamente. Los ohs del público se sucedían. Sus notas fueron mucho más bajas, incluso de 5.5. Nada más salir de la pista Debi reconoció que sintió presión. “Sobreviviré”, dijo a los que le rodeaban. Ni siquiera alcanzó la plata, sino que se tuvo que conformar con el bronce.

Finalmente venció Katarina Witt, revalidando su título de Sarajevo. Con ello se convirtió en la primera mujer en hacerlo desde Sonja Henie, que lo había logrado más de media centuria antes. Cuando se dio cuenta de que había ganado sintió que se quitaba un peso de encima. Al acabar la competición la ya campeona quiso consolar a Thomas, pero ni tan siquiera la miró. Witt quería ganar, pero con una actuación perfecta de su máxima rival, sobre la que finalmente sobresaliera la suya propia.

Katarina Witt

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