Heroínas olímpicas,  Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 44: LA ÉPICA SEMIFINAL DE TENIS FEMENINO EN ATENAS 2004

El partido de tenis más memorable de los Juegos de Atenas 2004 en su categoría femenina –y, de hecho, uno de los más memorables de la historia olímpica en general, incluyendo masculinos y dobles- no fue la final, que fue casi un mero trámite, sino la semifinal disputada entre la belga Justine Henin y la rusa Anastasia Myskina. Aunque para la posteridad de este deporte la huella de Henin fue indiscutiblemente más profunda que la de la rusa, en ese preciso momento de su enfrentamiento olímpico Myskina era la favorita. Y eso que, en el mismo comienzo de esa temporada, Henin se había hecho con el primer Grand Slam, el del Open de Australia. Pero 2004 iba a ser la mejor temporada de la nacida en Moscú. Su primer título de ese año lo ganó en Doha, lo que la hizo entrar en el Top 5 del ránking mundial. Pero su mejor momento llegaría con la conquista del segundo Grand Slam del año por orden cronológico: el de Roland Garros. Lo hizo derrotando por el camino a Svetlana Kuznetsova, Venus Williams y Jennifer Capriati, hasta superar en la final a Elena Dementieva. Myskina ya estaba la tercera del mundo. Siguieron buenas actuaciones hasta llegar a los Juegos Olímpicos. Es decir, llegaba a Atenas enrachada (con once victorias por dos derrotas en lo que iba de año) y con la vitola de una de las máximas favoritas.

Por el contrario, Henin, tras su excelente victoria en el Open de Australia, se fue apagando esa temporada, todo debido a serios problemas de salud que le pillaron al comienzo de la temporada de tierra batida. La salud de la belga se había resentido tanto, atacada por un citomegalovirus, que apenas tenía fuerzas ni tan siquiera de lavarse los dientes. Durante semanas dormía 18 horas diariamente porque no tenía fuerzas para más. ¿Quién podía apostar a que llegaría a la cita olímpica? Es más, se apuntó al torneo de Roland Garros, donde quería defender su título, pero inevitablemente cayó en su primer encuentro. Los Juegos de Atenas iban a suponer su auténtica vuelta a las canchas. Ni ella misma daba un duro por que avanzara en el torneo, por no hablar de conseguir medalla.

Las semifinalistas habían llegado a ese punto del torneo de diferente manera: mientras Myskina derrotaba en cuartos de final a Francesca Schiavone con un contundente 6-1 6-2, Henin vencía a Mary Pierce por un más ajustado 6-4 6-4. Ya en la semifinal el partido se alargó muchísimo, hasta los tres sets. Los dos primeros fueron disputadísimos, con el mismo resultado ambos (7-5), aunque de lado de cada una de las contrincantes. Así pues, todo se decidiría en el tercero y definitivo.

Foto de Chris McGrath/Getty Images

Justine Henin había mostrado debilidades en el segundo set, que perdió. Su servicio se volvió más corto y muchas de sus derechas se estrellaban contra la red. Por el contrario la rusa se mostraba paciente y sólida, aunque agresiva desde la línea de fondo. Se estaba haciendo fuerte según avanzaba el partido. Tanto, que adquirió en el tercer y último set una ventaja de 5-1. No se le podía escapar la victoria, más si tenemos en cuenta que un partido largo, tal como venía Henin tras su larga baja por enfermedad –una enfermedad provocada, recordemos, por un virus que principalmente provoca fatiga-, a la que más perjudicaba era a la belga. Justine llegó a pensar en ese momento: “Mañana tendré que regresar para intentar ganar la medalla de bronce”.

Myskina tan solo necesitaba conservar un servicio, pero se se lo rompieron en el séptimo y noveno juegos. Solamente el tercer ya duraba una hora. Su rival llegó a ponerse con 7-6 y servicio (no se jugaba tie-break en el torneo). Myskina lideraba momentáneamente ese juego por 15-30, pero le duró poco. Finalmente, se impuso Justine Henin por 8-6.

Fue de esas derrotas que escuecen. A la rusa le quedaba la posibilidad de acabar los Juegos con una medalla al cuello, aunque no fuera la de oro, pues aún tenía que disputar el partido por el bronce. Lo perdió. A Henin, muy al contrario, la victoria en la semifinal la catapultó a ganar la final por un doble 6-3, pero la gesta ya la había hecho en semifinales.

Lo peor fue que esa derrota tan ajustada parece que acabara con la prometedora carrera de Anastasia Myskina, la cual no levantó cabeza. Sus temporadas siguientes –tres escasas- se trufaron de decepciones. Parece como si esa derrota en Atenas le hubiera afectado sobre todo en el plano psicológico. Ella siempre admitió que le pesó mucho, pues el torneo olímpico se celebra sólo cada cuatro años, mientras que si se cae en un Grand Slam se tienen incluso varias posibilidades cada año para resarcirse. Nunca llegó a perdonarse a sí misma la derrota. La otra cara de la moneda la ofreció Justine Henin, quien confesó que ese fue el momento más mágico de su carrera, más incluso que su número 1 o sus Grand Slams.

Foto de Getty Images

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