Parejas olímpicas

JAYNE TORVILL Y CRISTOPHER DEAN: EL ARTE PUEDE CON TODO

A veces un deportista no solo roza la excelencia y causa la admiración del público, sino que su actuación se queda en la retina del que lo ve y se convierte en un recuerdo permanente. Ciertas disciplinas deportivas facilitan esta conexión con el espectador, dada la belleza de las imágenes que producen. Un ejemplo claro es el patinaje artístico.

Y cuando se habla de patinaje artístico viene enseguida a la memoria de sus seguidores un número que hizo historia en los Juegos Olímpicos. El programa libre de danza de los británicos Jayne Torvill y Cristopher Dean en Sarajevo 84 es referido como icónico de este deporte. Si se pregunta a un patinador, o a un experto, a un seguidor en general de este deporte citará ese programa como uno de los momentos más mágicos que ha dado este deporte.

Recientemente se han cumplido 30 años de ese número que proporcionó el oro a Torvill y Dean. A cualquiera que haya seguido este deporte no hace falta ni preguntarle de qué programa se trata: del más maravilloso “Bolero” de Ravel que se haya representado nunca. Protagonizaron magia con picardía. Durante los minutos de calentamiento en el hielo previos a toda competición Dean raspó cierto punto del hielo donde tendría lugar el movimiento más crítico del programa, para que no resbalara en hielo inmaculado. Otro “ardid” usado por la inolvidable pareja británica fue cómo hacer para no superar los cuatro minutos 10 segundos máximos admitidos para el programa. Ya fue duro rebajar los 17 minutos del Bolero a los cuatro minutos 28 segundos en que quedó. ¿Qué hacer? Durante los 18 primeros segundos al menos uno de los patinadores no tocó  el hielo con sus patines, teniendo en cuenta que el cronómetro empieza a contar tras el primer contacto del patín del segundo con el hielo. Ese “truco” agrandó el sentido artístico del número, pues aún se recuerda ese comienzo con los dos arrodillados, cual Romeo y Julieta –en un 14 de febrero, casualidades de la vida-, moviéndose a un ritmo como olas que iban in crescendo hasta parecer una pareja que se lanzaba al abismo de un volcán.

Torvill y Dean mantuvieron a 24 millones de británicos pegados a la televisión contemplando un deporte que no es propio de ese país. Cuando regresaron victoriosos a la Villa Olímpica ya tarde a Jayne, muy británica ella, sólo le apetecía tomarse una taza de té y acostarse pero llegó la princesa Ana con champán y vasos de papel y comenzó la fiesta.

Treinta años más tarde Torvill y Dean han vuelto a danzar ese mismo “Bolero” en el Olympic Hall Juan Antonio Samaranch de Sarajevo para obtener fondos para una buena causa. En 1992 el entonces Olympic Hall Zetra fue destruido en una maldita guerra y usado después como morgue, realizándose ataúdes con sus asientos de madera. ¡Qué mal uso de un recinto que había sido testigo de primera mano de un evento deportivo-artístico que puso la piel de gallina!DEANTORVILL

2 Comentarios

  • jose martinez

    no plasmaron solamente su magia artistística, sino que dejaron el alma en cada movimiento. y un sentimiento sublime y sensual que ahoga todo el amor que se pudieron tener, al mantener durante tanto tiempo el respeto a esa comunión interna. por el “gato”.

    • rinconolimpico

      Efectivamente el patinaje artístico es eso, arte y se ve aún más claramente en deportistas como estos, auténticos ARTISTAS. Respeto y admiración absolutas por los patinadores de artístico. Gracias, José, por tu comentario. Seguirá habiendo muchas historias de este deporte en esta página, pues tengo muchas en la recámara.

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