SAÚL PEÑA: LLEGAR A LOS JUEGOS PARALÍMPICOS TRAS SUPERAR UNA GRAVE AGRESIÓN QUE LE DEJÓ 3 MESES EN COMA
Se escucha en numerosas ocasiones de manos de deportistas paralímpicos la frase “El deporte me salvó”. Este es un caso de esos. Y no estaba destinado a serlo porque Saúl Peña era un joven cántabro que con 17 años se preparaba para ser bombero hasta que un maldito día de 2009 una tremenda agresión sin venir a cuento le cambió la vida.
Se encontraba el joven Saúl con sus amigos sentado en un banco cuando apareció un chico que, improvisadamente, le asestó tal paliza en la cara -primero con un fuerte puñetazo, después, dándole patadas- con el resultado de que Saúl acabó malparado. Acudió a su casa, pero pensó que algo no iba bien. No quiso decirle nada a su madre, para que no se asustara, y motu proprio tomó una sabia decisión que muy probablemente le salvó la vida: acudir a urgencias del hospital. Fue llegar allí y caerse desplomado. Ya no recuerda más. Los siguientes tres meses de su vida están en blanco, caído en coma. Entretanto los médicos tuvieron que hacerle una traqueotomía y operado de un traumatismo severo en el cráneo a causa de un hematoma interno. También le realizaron una punción en el pulmón. En fin, su situación era lamentable y lamentable fue el estado en el que se encontraba cuando se despertó, por fin, del coma. No podía hablar, no podía caminar debido a la enorme cantidad de masa muscular que había perdido (se quedó en unos escasos 35 kilos). Necesitaba ayuda para todo, hasta para las tareas más nimias, pues le dieron un 80% de discapacidad.

Con mucho esfuerzo y ayuda especialmente de su madre Saúl ha ido mejorando y ahí es cuando ha entrado el deporte, en su caso el remo. Aunque tiene secuelas en sus extremidades, la cadera deformada y otros problemas, empezó un proceso de rehabilitación necesario que pasó por el deporte del remo. Durante un buen tiempo acudió al gimnasio antes de poder lanzarse a las aguas.
Llegados al año de 2016 Saúl Peña empezó a competir en remo paralímpico culminando un proceso que tuvo su punto culminante en la realización de su sueño: acudir a los Juegos Paralímpicos, en su caso, los de París 2024. Allí participó en la prueba de PR3 Mixto Cuatro con timonel, rozando el diploma (acabó noveno). Entre medias, mucho trabajo, muchos sacrificios, mucha lucha y mucha perseverancia. Ha pasado de no poder hacer ninguna tarea física solo (ni siquiera comer sin ayuda) a remar en competiciones internacionales. “Estar en los Juegos Paralímpicos es un sueño después de todo lo que me ha pasado”, ha afirmado. Saúl Peña es otro ejemplo más del nivel de resiliencia que tienen los deportistas paralímpicos, de la constancia, valor y mérito que tienen, más en muchas ocasiones que los -también esforzados- deportistas sin discapacidades.
Entre medias Saúl ha estudiado, ha aprobado oposiciones y espera ansioso la adjudicación de su plaza. Durante varios intervalos ha trabajado también en un kiosko de la ONCE, con tan mala suerte de ser uno situado enfrente de la casa de su agresor, con el que se ha cruzado en varias ocasiones y que no solo no le ha pedido nunca perdón, sino que ni pagó la indemnización estipulada (alegando insolvencia) y que apenas pasó seis meses en un centro de menores. La vida es injusta en muchas ocasiones, pero viendo el lado positivo tenemos a un Saúl Peña como ejemplo de vida y de superación que ha cumplido un sueño: estar en unos Juegos Paralímpicos, «algo que nadie habría apostado, ni siquiera yo», ha comentado. Nos quedamos con eso.
