Heroínas olímpicas

FLO HYMAN: EL INESPERADO Y TRÁGICO FIN DE UNA LEYENDA DEL VOLEIBOL

La estadounidense Flo Hyman ha sido considerada la mejor jugadora de voleibol en la historia de su país, y una de las mejores del mundo. Desde luego, durante su etapa como jugadora fue muy popular, no solo por sus dotes atléticas, sino que su carisma y personalidad -además de sus habilidades- contribuyeron en gran medida al avance de su deporte en su país, hasta convertirlo en uno de los más populares en una nación que ya es de por sí poderosa a nivel deportivo.

Nacida en California en en 1954 segunda de ocho hermanos, Flo destacó desde siempre por su gran altura. Es verdad que ambos progenitores eran altos (1.85 su padre y 1.80 su madre), pero Flo les sobrepasó pronto, alcanzando 1.96 a los 17 años. Nadie se pensó entonces que esa altura sería un síntoma de una enfermedad que acabaría provocándole la muerte. De niña la apodaban “el Gigante verde”, pero ella usó su altura como una ventaja, dedicándose al deporte del voleibol. En 1973 se convirtió en la primera mujer en conseguir una beca deportiva en la universidad de Houston, donde se matriculó y jugó. Tan solo un año más tarde sería internacional absoluta por su país.

Las grandes competiciones internacionales se sucedían en su trayectoria, pero la cita olímpica no acababa de materializarse: en los Juegos de Montreal 76 porque su país no se clasificó y en los de Moscú 80 porque, aunque por fin habían obtenido el pase, el boicot de Estados Unidos impidió su presencia. Una de las mejores jugadoras del mundo tuvo que esperar años, hasta 1984, para poder debutar en la competición olímpica. Cuando por fin accedió lo hizo además en su propio país y salió con la medalla de plata colgada al cuello. Flo era la jugadora más veterana y más alta del equipo local y no solo puede que fuera la más dotada, sino que especialmente su aportación más valiosa al equipo puede que fuera su devoción al equipo, su juego altruista por y para el equipo y nunca mirando en sí misma. Flo era carismática, pero buscaba la gloria del equipo. No es de extrañar, pues, que actuara de capitana en el equipo que consiguiera la primera medalla olímpica del voleibol femenino para Estados Unidos.

Centrándonos en las peculiaridades de su juego hay que destacar varios aspectos: para empezar, que era una jugadora muy completa. No solo tenía altura, sino que a ella se unían técnica y velocidad. Se trataba de una grandísima rematadora que tenía como especialidad el movimiento llamado “Flying Clutchman” (juego de palabras en inglés que viene de Flying Dutchman siendo “flying”=voladora y “clutch”=aferrar, agarrar). Consistía en un veloz remate que impactaba con dureza capaz de alcanzar los 180 km/h.

Al acabar el momento más álgido de su carrera en Los Ángeles 84 (a lo que hay que añadir medallas en Mundiales y Copa del Mundo) Flo Hyman se mudó a Japón para jugar en la liga de aquel país y popularizar su deporte. Antes de marchar realizó una contribución aún más importante en su país: junto a otras pioneras de los derechos de la mujeres, como Geraldine Ferraro o Coretta Scott-King, fue a testificar al Capitolio para pedir al gobierno el reforzamiento del Título IX de la Ley de Restauración de los Derechos Civiles, la legislación que prohibía la discriminación de sexo en los programas deportivos en las universidades que reciben fondos federales.

Monumento a Flo Hyman. Escultura de los Estudios Schomberg

Pero volvamos a Japón. Flo ya era veterana como deportista, pero tenía una edad aún muy temprana (31 años). Un maldito día en que estaba jugando un partido de la liga nipona fue sustituida en un determinado momento. Se sentó y no se levantó más. Murió fulminantemente. En un principio se pensó que la causa había sido un ataque al corazón, pero su familia pidió una autopsia. Se descubrió que su corazón era fuerte, pero que sufría una enfermedad congénita desde su nacimiento que no le había sido descubierta. Se trataba de el “síndrome Marfan”, uno de cuyos síntomas son las extremidades delgadas y alargadas, como era su caso. Es una enfermedad rara que se da en muy pocos casos. A la jugadora de voleibol le causó un desgarro en la pared de la aorta. Flo tenía desde su nacimiento -sin saberlo nadie- un minúsculo punto de unos 2,5 cm. justo por encima del corazón. En el momento en que se sentó al ser sustituida en el partido ese punto estalló. Se descubrió un coágulo en el desgarro que se determinó había sufrido tres semanas antes y ya había empezado a sanarse cuando ocurrió la segunda y fatal ruptura. Curiosamente, su muerte salvó la vida de su hermano, ya que al tratarse de una enfermedad hereditaria se descubrió que uno de sus hermanos también padecía el síndrome de Marfan y fue inmediatamente operado a corazón abierto, curándose. Los médicos quedaron asombrados de que Flo pudiera vivir los años que lo hizo pese a practicar un deporte tan exigente físicamente.

Pero pese a su temprana e inesperada muerte el espíritu y legado de Flo Hyman no se han perdido. Para recordarla se celebran en 50 estados el Día Nacional de las chicas y mujeres en el deporte, realizándose numerosas actividades en su nombre. También se concede el premio Memorial Flo Hyman a la mejor jugadora del año en Estados Unidos. Asimismo hay un premio en su nombre que se concede a “aquella mujer deportista que capte la dignidad, el espíritu y el compromiso de Hyman hacia la excelencia”. La primera deportista en obtenerlo fue ni más ni menos que Martina Navratilova y otras grandes del deporte galardonas con él han sido, por nombrar algunas, Nadia Comăneci, Jackie Joyner- Kersee, Evelyn Ashford, Monica Seles, la patinadora de velocidad Bonnie Blair o la patinadora campeona olímpica Kristi Yamaguchi.

Flo Hyman dejó frases inspiradoras durante su corta vida, de entre las que destacamos la siguiente: “En mi vida trato de tener el valor y la sensibilidad de seguir mis sueños ocultos y de luchar contra los obstáculos que se interpondrán en mi camino”.

 

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