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KIRSTY COVENTRY: LA SOLIDARIDAD DE LA PERSONA CON MÁS MEDALLAS OLÍMPICAS DE ÁFRICA

Pocos imaginarán que el deportista africano con más medallas en Juegos Olímpicos no es un corredor de fondo (o medio fondo), sino una mujer. Ni siquiera es atleta, sino nadadora. Tampoco es de raza negra, sino blanca. Se trata de Kirsty Coventry, la llamada “Chica de oro” y auténtico nexo de unión en su conflictivo país, Zimbabue. Coventry ha ganado siete de las ocho medallas olímpicas en la historia de su país. En varias de las cinco ediciones de los Juegos donde participó logró todas las medallas de su nación. Incluso en el Mundial de 2005 celebrado en Montreal únicamente gracias a sus medallas Zimbabue se colocó en el tercer lugar del medallero final. Para finalizar alabando los méritos de esta nadadora nacida en Harare diremos que con sus siete medallas olímpicas es, junto a la húngara Krisztina Egerszegi, la nadadora con más medallas individuales en Juegos Olímpicos.

Pero, pese al tremendo mérito por sus resultados de esta africana, verdadera pionera del deporte no ya en su país, sino en su continente y ejemplo para las mujeres africanas, Kirsty Coventry nos interesa por su calidad humana. Desde muy pronto tuvo claro que quería devolver a la gente gran parte de sus conquistas. Empezando por sus premios en metálico. Al recibir a la vuelta de su exitoso periplo en los Juegos de Pekín (4 medallas, entre ellas un oro en su prueba reina de los 200m espalda, que se sumaron a sus 3 medallas previas en Atenas, entre ellas una de oro), Coventry entregó gran parte de los 100.000 dólares que le otorgó el presidente Robert Mugabe a fines benéficos. No se quedó este gesto en anécdota. Casi se puede afirmar que Kirsty Coventry sostiene por sí sola todo un sistema deportivo en su país ayudando a niños sin recursos. La nadadora africana era consciente de la tremenda repercusión que poseía. Ella era prácticamente el único lazo de unión en su país, altamente conflictivo y con gravísimos problemas económicos, laborales (las cifras de desempleo llegaban al 90%) y políticos. Zimbabue parecía respirar y unirse en la celebración de los éxitos de Convetry. Ella era un ejemplo para sus compatriotas, así que revirtió la admiración de su pueblo en ayudarles a fomentar el desarrollo del deporte de manera sostenible. También ha trabajado en la fundación benéfica Lapdesk de Desmond Tutu y se ha involucrado en un nuevo proyecto de creación totalmente suya: la Academia Kirsty Convetry para aprender a nadar, así como en Heroes, otra ONG que apoya a personas sin recursos. Su participación en el desarrollo de una juventud más sana y con educación más completa en su país, Zimbabue, es fundamental, pero quiere extenderlo a más países africanos.

Kirsty, que con nueve años ya le dijo a su sorprendido padre que quería ser olímpica, debutó excesivamente joven en los Juegos de Sidney, aunque ya consiguiera allí el logro de ser el primer nadador de Zimbabue en acceder a semifinales -en su caso, dos- olímpicas. Desde entonces sus progresión fue a más, tanto en medallas olímpicas, como en mundiales y récords del Mundo, hasta que una lesión antes de los Juegos de Londres la permitió participar en ellos, sí, pero volverse sin medalla. Coventry cumplió en Río su quinta participación olímpica, pero lejos de sus mejores prestaciones. Tenía claro que tras Río (donde participó con casi 33 años) se iba a retirar para dedicarse por completo a aspectos solidarios.

Aparte de sus actividades benéficas Coventry destaca por los cargos que ostenta y que se ha ido ganando por méritos propios: presidenta de la Comisión de Atletas del COI -siendo la tercera mujer consecutiva que lo ostenta-, vicepresidenta del Comité Olímpico de Zimbabue y un largo etcétera hasta llegar a su ocupación actual: ministra de deportes de su país. Coventry, de la que no se conoce afiliación política, aceptó el cargo para promocionar e impulsar el deporte entre los jóvenes de su país y lograr la paz gracias al deporte. Viviendo en un país trufado de confrontaciones como el suyo, la nadadora aspira a asemejar su mundo ideal con el de la villa olímpica, según sus propias palabras, donde conviven miles de atletas de más de 200 países con todas las razas, religiones y diferencias del mundo. En la villa olímpica todos animan al resto, no hay enfrentamientos.

Kirsty Coventry es el claro ejemplo de gran campeona que es consciente del impacto que puede tener en los demás y lo utiliza para impulsar una mejor sociedad -centrada particularmente en los jóvenes- basándose en el deporte.

Foto de Shaun Botterill/Getty Images

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