Heroínas olímpicas

SARA SIMEONI: DUELOS OLÍMPICOS DE ALTURA

Si su nombre apenas les suena ya es el momento de reivindicar a esta atleta que este año ha cumplido 65 años y que hace unos cuantos fue declarada la “mejor deportista italiana del siglo XX” (Alberto Tomba sería su colega masculino): Sara Simeoni. A esta saltadora de altura le pilló en plena fase de aprendizaje, siendo aún atleta junior, el cambio radical que se vivió en su especialidad y Sara, que empezó entrenando con el clásico salto de tijera apostó pronto por el recién nacido salto estilo Fosbury. Su altura le permitió convertirse en una gran campeona del atletismo, pero le impidió continuar con su primera vocación: la danza llegando, incluso, a aprobar el ingreso en la prestigiosa Scala de Milán. Mas su excesiva altura la hacía destacar del resto de bailarinas, por lo que fue descartada. Eso que ganó el deporte italiano y mundial.

Sara Simeoni se pasó al salto de altura, teniendo como entrenador a Erminio Azzaro, que más tarde se convertiría en su marido. Ya en la categoría junior destacó tanto que se convirtió en campeona nacional y superaba su marca personal constantmente. Así que muy joven Sara ya accede a unos Juegos Olímpicos, los de Múnich 72. En esos Juegos, sin ir más lejos, superó en 5 centímetros –una barbaridad- el récord italiano. Allí se topó con la que se convertiría en una de sus dos grandes rivales durante toda su carrera, ambas alemanas. En Múnich ganó Ulrike Meyfarth, también muy joven por entonces. Sara no superaría el sexto lugar, pero eran sólo sus comienzos, unos inicios que ya se veían muy prometedores. En los siguientes campeonatos importantes apareció su segunda gran oponente: la también alemana Rosemarie Ackerman. Los duelos entre las tres harían historia en los años 70 y 80, marcando toda una época. Fue precisamente en la siguiente cita olímpica –Montreal 76- donde Ackermann y Simeoni protagonizaron una emocionante final con marcas muy similares. Esta vez la italiana hubo de doblegarse de nuevo ante una germana, pero la plata olímpica conseguida allí por Simeoni ya se consideró un gran logro del atletismo transalpino.

Es en el ciclo olímpico que se inició tras los Juegos de Montreal cuando Sara Simeoni da, en todos los sentidos, el gran salto. En 1978 bate el récord mundial en una reunión en Brescia superando ya la barrera psicológica -¡y física!- de los 2 metros. Lo curioso es que la marca personal de la veronesa estaba ni más ni menos que en tres centímetros menos y que los 2.01 m los superó necesitando sólo dos intentos válidos. La pena es que las cámaras no registraron el hito, pues estaban centradas en la competición masculina del meeting. Sólo 30 años más tarde apareció una grabación realizada por una televisión local.

Los Juegos de Moscú 80 serían el gran éxito de la italiana. Ya no era sorpresa, porque sus marcas y medallas en diversos grandes campeonatos hacían presagiar un puesto de prestigio. Estaba presente una de ellas –Ackermann-, que solo pudo ser cuarta. Ackermann defendía los colores de Alemania del Este, mientras que Meyfarth, de la República Federal Alemana, no pudo acudir debido al boicot que afectó a esos Juegos. En Moscú 80 el honor de la gloria del título olímpico cayó del lado de Simeoni. Por fin se convirtió en campeona olímpica. Con Meyfarth volvió a verse las caras en los siguientes Juegos. En Los Ángeles 84 Simeoni fue la abanderada de la squadra azzurra. Meritorio para ella y para su rival Meyfarth los puestos ocupados: oro para la alemana, que se había proclamado campeona olímpica doce años antes, y plata para Simeoni, que ya contaba 31 años. Una larga carrera la de la italiana a la que, sin embargo, retiraron las lesiones.

Un broche de oro lo vivió, ya retirada, en los Juegos Olímpicos de invierno de Turín 2006, donde fue la encargada de llevar la bandera olímpica en la ceremonia de clausura. No tuvo suerte tampoco, además de con las lesiones, con la época que le tocó vivir ya que sufrió las consecuencias del machismo. Además de no haber registrado las cámaras su récord mundial, como hemos comentado antes, la propia atleta ha declarado que “el ambiente del atletismo era tradicional y machista: primero iban los hombres, sus necesidades; después, sólo si quedaba espacio para nosotras, nos tocaba a las mujeres”. En cualquier caso el mundo recordará los numerosos duelos –muchos de ellos en finales olímpicas- vividos entre ella y sus dos máximas rivales alemanas.

Foto de Rob Brown /Walt Disney Television via Getty Images

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